Home Presentación  |  Publicaciones |  Acerca de Ángel Faretta  |  Contacto
Novedades

ENTREVISTA A ÁNGEL FARETTA
El melodrama de la Argentina

El crítico de cine y escritor explica en su libro La pasión manda la “condición melodramática” tanto en la literatura como en la pantalla grande.

  Biblioteca. El autor de El concepto del cine, Espíritu de simetría y la novela Tempestad y asalto, en su estudio.

En un tiempo por suerte hoy lejano, Ángel Faretta era más una cifra que una persona. El crítico de cine que alimentó vocaciones cinéfilas en los años ochenta se había transformado –en gran medida por error- en algo así como un mito o una leyenda. Y no; el hombre seguía dando clases y escribiendo, aunque de manera más privada. En los últimos años, sus libros comenzaron a aparecer a ritmo constante: dos volúmenes sobre cine (el teórico El concepto del cine y Espíritu de simetría, la recopilación de sus célebres críticas en la revista Fierro) y la novela fantástica Tempestad y asalto. Ahora le sigue otro libro de cine, o –más bien– de crítica cultural, La pasión manda, que despliega sus conceptos teóricos alrededor del melodrama o, más precisamente, lo que llama la “condición melodramática”, que se extiende desde las letras hasta el cine. Pero es también un libro que piensa lo argentino, y en especial el cine argentino, un tema latente en la obra de Faretta, pero, hasta ahora, no plasmado con tanta precisión.

-¿Por qué ocuparse del melodrama, o la condición melodramática, en un contexto cultural que suele denigrarlo?

–Francamente todo lo que escribo no tiene muy presente que digamos el dichoso contexto. Fui educado en que lo contemporáneo por lo general es equívoco, confuso, errático. Ahora bien, el melodrama sirve como soporte para abrir el campo polémico a otros temas: lo sagrado, la religión, la movilización total. Digamos esto: en el melodrama sobrevive -o sobrevivía hasta hace poco- lo trágico, y esto nos sirve para demostrar -según creemos- cómo ahora en “lo social” por decreto u obligatoriamente se quiere encauzar ese sentimiento trágico. Inútilmente claro, porque luego aquél se toma venganza en los desbordes de violencia cada vez más crecientes e incontrolables.

–No muchas veces se ha dedicado en tanta extensión a plantar bandera respecto del cine clásico argentino. ¿Qué lo lleva a eso?

–No tenía oportunidad. Aunque debo aclarar que todas las notas puntuales sobre films argentinos que figuran en este libro fueron publicadas en el efímero diario Perfil de la primera época, en 1998. Aquí las recupero y las extiendo un poco, puesto que todos nuestros grandes films clásicos son melodramas. Todos los grandes films, podría decirse, son melodramas, porque el cine llevó la condición y la representación melodramáticas a lo universal.

–¿Por qué piensa que se niega el melodrama o su condición en estos tiempos, incluso cuando sobrevive en formas “bajas” como la telenovela?

–Se niega el melodrama porque se quiere erradicar lo trágico sumiéndolo todo en “lo social”. Se intenta negar todo lo oscuro, lo tremendo, toda la otredad de lo humano. Es decir, lo sagrado. El ritual eclesiástico católico que fue su gran “curador” está reducido casi a cero. Los otros rituales son eliminados uno tras otro. Los catalanes ahora quieren prohibir la corrida de toros. Posiblemente se intentará prohibir la muerte por decreto. Y claro, ante esa falta de misterio y de sacralidad, todos los fines de semana en cada rincón de Occidente hay desbordes, locuras, intoxicaciones y muertes violentas de adolescentes y realizadas por éstos, y todo lo que vendrá... Si el exceso no es ritualizado, resurge en forma híbrida, perversa, directamente aberrante.

–Ha mencionado que el cine llegó a su fin como “final” y como “meta”. ¿Es posible que pueda plantearse nuevas metas?

–Que el cine llegó a su fin es una definición polémica y busca ser también apodíctica; es decir, algo que se acepta como evidente para comprender el despliegue teórico completo. A ver, supongamos que el cine llegó a su fin porque alcanzó su meta, vamos a entender cómo procedió, qué hizo y, sobre todo, qué enemigo se planteó para su hacer. La nueva y posiblemente única meta que puede plantearse es entender el cine. Lo cual no quiere decir la trivia cinéfila, la chimentería sexual, el embobamiento por lo meramente técnico. ¡Ni hablar del campy! Esto se lo podemos dejar a los escritorcitos del montón, que acaban de descubrir Casablanca en DVD o en blue-ray o en rayos gamma.

–¿Por qué le parece que el arte argentino tiene esa condición de provisorio, de siempre listo a perderse?

–Imagino que te referís al arte argentino más cercano en el tiempo, ¿no? Porque no era éste el caso de Borges o Marechal, ni el de Soffici o Saslavski, ni el de Carlos Guastavino o Ástor Piazzolla. El arte de las últimas décadas es tan provisorio como el país y sus políticas, siempre corto de miras, siempre buscando socios indeseables –y que encima nos detestan o nos envidian-, siempre escribiendo, filmando, cantando, silbando, gobernando para ver si lo aprueba una “vanguardia” que ya no es más que un museo de cera sino algo peor...

Estrategias industriales para ocupar Latinoamérica en la “década peronista”

Una de las formas estratégicas con las que el cine de la ‘década peronista’ organizó la toma del poder cultural en el ámbito de Latinoamérica fue la de orquestar coproducciones, que, en el fondo, no eran más que excusas para la ocupación del espacio imaginario de algunos de los países vecinos.

”Así surgieron films chilenos, peruanos, venezolanos que, si bien no eran exactamente primeros films, en algunos casos sí eran obras importantes de industrias raquíticas, como la brasilera.

”El asunto era –y se logró en su mayor parte– disputarle a Hollywood el poder no sólo de penetración industrial –cosa a todas luces fundamental en el cine– sino, y por sobre todo, disputar el espacio simbólico o espacio de articulación simbólica donde se acuñan y troquelan las formas, modos y elementos que configuran una estructura que quiere, desea, realizarse en la Historia.

”La escasa o nula reflexión teórica que dirigió sus por demás miopes lentes hacia nuestro cine clásico, lo único que hizo fue chapucear dentro del perímetro más superficialmente elemental de la historia anecdótica, mixturada con todos los lugares comunes posibles de la sociología.

”Así, cuesta desprenderse de algo llamado ‘teléfonos blancos’, que, por cierto, aún estadísticamente fueron muy pocos; tratar de resolver si una mítica pelea a cachetazos tuvo lugar durante el rodaje de un film de Mario Soffici en vez de indagar el motivo de la disputa; y, en el mejor de los casos, realizar una suerte de relevamiento policial sobre directores, guionistas e intérpretes adictos o no al gobierno. Imagine el lector el resultado que puede obtenerse si se utilizara ese tipo de herramientas para enfocar, digamos, al Imperio romano y su relación con la épica virgiliana...”

 

Entrevista de Leonardo D´Espósito
Publicado en Crítica de la Argentina
Domingo 3 de enero de 2010


Teoria del cine
Informes e inscripción: info@angelfaretta.com.ar