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Isherwood entre nosotros

 

Es sabido que desde Chaucer al día de hoy todos los escritores ingleses fueron y son espías. De algunos como De Foe sabemos detalladamente de estas actividades.

Uno de estos ingleses escritores y espías free-lance fue Christopher Isherwood y en ese tren llegó hasta nosotros en plan supuestamente místico para recorrer los alrededores de Bella Vista, donde se alza una quinta que guarda los tesoros de la sociedad Vedanta de la Argentina. Todavía se encuentra allí. O un avatar suyo en todo caso.

Una vez pisado “este verde suelo donde crece el cardo”, la rotunda anfitriona de las barrancas de San Isidro arrambló con la mínima osatura de Isherwood -Virginia Woolf lo comparó con un jockey- para sumarlo a sus saraos algo menguados entonces debido a la escasez de contertulios por las carencias de posguerra. No aquí, donde todo era lujo, calma aunque no sabemos sí voluptuosidad.

Allí Chris tuvo la ocasión de ser presentado a quién llamaban familiarmente Georgie, por el que tuvo una reacción ambivalente. Le recordó a uno de los scholars de su país de origen, del que había huido.

El alejamiento de Chris de su país natal no fue óbice para que hiciera -enviado por su Foreing Office- una recorrida por varios países -cinco para ser exactos- y explorar un vasto enigma llamado Sudamérica ya en plena “Guerra Fría” -1947-, y sonsacar algún dato sobre algunos de estos gobiernos indescifrables. Entre ellos el posiblemente más enigmático de todos llamado en forma genérica “peronismo”. Donde se tenía el doble enigma debido a la fascinación por el componente femenino del mismo, ya conocida fuera de nuestras fronteras como Evita.

De ese periplo Chris produjo un libro de “travels”. Se tituló The condor and the cows” y fue editado en 1948 poco después de finalizado el periplo. Curioso es lo vulgar de este título para quien era y siguió siendo un buen titulero como lo prueban “Mr. Norris cambia de trenes” o “El mundo al atardecer”. El libro nunca fue vuelto a editar y eso que su autor lo hiciera años después con todo lo que había escrito ocasionalmente en un volumen titulado como “Exhumations”.

Dejando sus incursiones místicas y su obligatorio para todo visitante extranjero encuentro con Georgie, el informe que Isherwood estampa en su libro sobre el peronismo no es del todo negativo. Disipa las dudas sobre sus conexiones nazis, intenta comprender la función del mismo, se enoja con razón de ciertos prejuicios snobs sobre la primera dama, pero la gema refiere aquí a la propia figura de Evita, uno de cuyos primeros sino el primero de sus ambiguos rapsodas fuera el mismo Chris.

Fundamental de recordar aquí es que a él se deben no la propia acuñación pero sí la puesta en circulación pública de dos términos de la jerga entre culta y arcana que tuvieron luego gran difusión una vez vueltos productos masivos a partir de la serialización planetaria surgida en la década del sesenta del siglo ya pasado: “gay” y “camp”. El primero aparece como guiño en los relatos de “Adiós a Berlín” (vuelto con los años la base de “Cabaret”) y el segundo tiene una entrada ya legendaria en “El mundo al atardecer”, que algunos juzgaron incompleta y que otros recién llegados a ambos temas ignoran como fuente histórica y hasta canónica, intentando principiar de cero una postura que ya pertenece definitivamente al pasado.

El camp estaba activo y eficiente cuando la cultura era todavía una cosa viva y sobre todo cotidiana y por ello mismo podía ser objeto de plácida ironía. Hoy la cultura es tan sólo un motivo de odio y -en una versión particular de la fábula “La zorra y las uvas”- se la denuesta de una manera curiosa, pero mortífera, que consiste en ejercerla como profesión. Así no quedan ya aficionados, diletantti ni menos cognoscenti; ni siquiera quedan ya auténticos snobs, sino que son todos pintores, poetas, escultores, dramaturgos y directores de cine y sobre todo candidatos permanentes a directores de cine.

El camp -por el contrario- no bajaba de tener como blancos irónicos a un Wagner o a un Dostoievski.

Por supuesto que Isherwood en su apurada crónica de viaje apenas para mientes en la verosimilitud de la trivia que levanta sobre Evita, o que más bien le endosan algunos de sus hermanos en la homosexualidad de placard por entonces. Entre ellos figura en los “agradecimientos” Luis Saslavski, que fuera nada menos que el director de cine favorito de la propia Evita; aunque al parecer aquél se enterara tarde y por boca del propio Perón estando ambos en Madrid al encontrarse que en una estación de servicio. Aquí un maravilloso ejemplo de lo que podría denominarse camp anecdótico.

En la crónica de Isherwood sobre Evita el retrato de la gran mujer con algo de fatal y con algo de sublime ya es casi completo. Por ejemplo se dice que vive rodeada de gatos a cada uno de los cuales le ha puesto un nombre programático de gobierno de su esposo, por ejemplo “plan quinquenal” y otros con fechas patrias. Y Chris -ya bajando en picada de su celebrado humor- imagina a Evita por la casa rosada y en la mítica quinta de San Vicente llamando a uno de sus mininos “Nueve de Julio, Nueve de julio, ¿dónde estás?”

Curioso el que haya pasado por alto los blancos caniches tan fotografiados. Lo que no resulta nada curioso es que con “chistes” como estos, Isherwood decidiera borrar a este libro de su opera magna.

Ya para ese entonces rodea a Evita y hasta la nimba el aura de una suerte de Lucrecia Borgia de interiores con aire acondicionado o de una Teodora de Bizancio a la que la une no solo la condición de ex actriz sino de in-femme-fatale.

No podemos, ya que estamos hablando de un libro nunca vuelto a editar, dejar de citar otros comentarios más generales en donde Isherwood no se muestra muy sagaz. Dice que hay en Buenos Aires muy pocos cafés a los que una chica de buena familia pueda ir sin custodia (“unchaperoned”) y solo durante las horas de la tarde. Una continua muestra de atención por una varón es mirada como comprometida. etc.

Pero esto ¿no era también más que frecuente en Londres y en la Nueva York de entonces y no sólo de entonces?

¿Entonces? Que el comentario es falaz o está perpetrado para presentar una determinada imagen que se desea hacer circular de un lugar determinado. Queda una tercera posibilidad que señalara en algunos de sus ensayos Julio Caro Baroja. Que Isherwood incurriera simplemente en el tópico mental que traía consigo y eso lo hizo creer que tal cosa sucediera o que tan solo sucediera en Buenos Aires.

Caro Baroja dice: “Amar y comprender a la vez es difícil pero no imposible. Acaso lo más raro es sostener el amor con la comprensión, y esto resulta casi inimaginable en espíritus sistemáticos enamorados no de lo que es en sí su país o una sociedad sino de lo que ellos creen que debe ser”·

Además “...la mayor parte de los reproches que los viajeros de países nórdicos han hecho a los pueblos del sur de Europa han sido fundados en una concepción puritana de la vida, en la que un concepto de lo justo y lo verdadero priman sobre el de lo bello...”

Lo que sigue a continuación referido a las mores sexualis corresponde al mismo tenor. Escribe que existía entre nosotros “Un doble standard. Cada orgulloso muchacho debe tener un pasado que llevar con él hasta el altar. Y luego de la boda, desde luego la verdadera diversión comienza porque entonces está en posición de traicionar y de ser traicionado. Esta gente vive todavía en el interior de una novela de francesa.”

¿Pero este “doble standard” no se correspondía con el de todo occidente? ¿No era todavía delito veinte años después de escrito esto, si un hombre era sorprendido en un lugar público con una mujer que no era su esposa legal y era pasible de ser acusado de adulterio, tanto en la soleada California como en la cosmópolis de New York? Abundan situaciones de este tipo en las ficciones de Chandler y Ross MacDonald.

Isherwood imagina una Buenos Aires donde el honor de capa y espada del drama español del siglo de oro y un entorno similar que ha traído consigo en sus maletas mentales debe corresponderse con lo que ve aquí. Sigue estando en México y no en Buenos Aires. Se quiere sumar a esta ciudad a un continuum “latino” compuesto por Sevilla, Granada, frontera mexicana y tango alla Valentino.

A pesar de que el lugar desmintiera eso referido a las relaciones hombre-mujer, puesto que lo que aquí se veía era algo que se daba también como hábito regular en todo el occidente de entonces.

Además, que las parejas se traicionaran mutuamente o no cumplieran sus votos matrimoniales ¿Se corresponde con una “old french novel” o con una “very british novel? Somerset Maugham ¿estaría escribiendo desde hacía ya dos décadas por entonces de marcianos y no de ingleses insulares o coloniales que no hacían otra cosa que ponerse los cuernos entre copas de gin-tonic?

Pero como el sólito atrezzo de rejas churriguerescas, claveles, guitarras, patios ajedrezados, mujeres con dobles escotes y tocando las castañuelas no era algo efectivo en Buenos Aires, entonces nuestro visitante busca como compensación un correlato en las mores sexuales que haga pendant con tamaña California española de los tiempos de El Zorro y del sargento García y que trajo férreamente enclaustrada en su caletre.

Isherwood paseando por Florida -no sé si a las cinco como Isabelita- observa pocas mujeres solas en las confiterías céntricas, cuando al parecer no eran tampoco muchas las acodadas en los acolchados asientos del Algonquin o en la barra del Stork Club.

Que esto lo escribiera un fino prosista y un por lo general agudo observador de tipos humanos no parece favorecer retrospectivamente la fama de autor. Cierto que al parecer comprendiera que esta apurada minuta turístico-conspirativa no era digna de su estilo y la eliminara de su bibliografía. También es cierto que ante el ingreso a un mundo auténticamente rico y extraño -como sigue siendo en general la Argentina para el viajero hiperbóreo- la ya afiatada capacidad de Chris para la observación hiciera agua ante la oceánica complejidad argentina. También que esto era lo que tenía que decir, porque se le había preparado de antemano para ser puesto por escrito.

Ángel Faretta


Florilegio

“Caskey había intentado varias veces conseguir que lo presentaran a la señora de Perón. Cree que ella tiene una apariencia maravillosa y está ansioso por fotografiarla. Me temo que no tendrá la oportunidad. Casi todas las personas con las que habló dieron la impresión de no tomarlo en serio. ‘¿Quiere ver a Evita? ¿Para qué? ¡No, debe estar bromeando!’
Tras estas evasivas y negativas encuentro una actitud que es tanto estúpida como equivocada. Muchos opositores del régimen peronista —especialmente los que pertenecen a la clase alta— atacan a la señora de Perón por su pasado y su origen social humilde. Y eso no sólo es cruel y esnob, sino que es políticamente idiota. El pasado de la señora de Perón es algo que despierta simpatía y comprensión, y sus críticos harían mejor en concentrarse en su presente y en su futuro. Y de todas maneras, ¿qué es ese famoso pasado? Se dice que Evita era una pésima actriz radial, y que sólo conservó su lugar en las emisoras gracias a la influencia del coronel Perón, con quien aún no estaba casada. Bien… si uno quiere ejemplos de actrices que conservaron su trabajo gracias a influencias personales, no hay necesidad de buscar tan alto, entre los dictadores, ni tan lejos como en Buenos Aires. También se dice que Evita tuvo otras relaciones amorosas anteriores, muchas aventuras. ¡Qué terrible! Igual que Sarah Bernhardt.”

“No hay dudas de que ella es inmensamente popular. Y la atracción que ejerce sobre las masas es psicológicamente muy sólida. Es —como ya he dicho— la atracción de una estrella, que insta tanto a la identificación como a la admiración. Ella es su Evita —tan sólo una chica de clase trabajadora—, una de ellos, su madre, su hermana, su más fiel amiga. Que los esnobs se mofen y arruguen la nariz y ataquen su reputación: es tan sólo porque están celosos del gran amor que hay entre la Argentina y ella”.

“(…) esta excesiva preocupación por las culturas extranjeras ha producido algunos eruditos extraordinarios. Jorge Luis Borges, a quien podemos encontrar aquí, en Buenos Aires, es un ejemplo. Sabe tanto de literatura inglesa, clásica y moderna, que pocos ingleses o norteamericanos pueden igualarlo, y es capaz de citar párrafos enteros de los autores más inesperados, haciendo comentarios muy graciosos y sutiles.”

“Buenos Aires parece a la vez muy moderna y muy anticuada. Sus tiendas relumbran de novedades: la ropa, los muebles, los autos, las publicidades están tan conscientemente a la moda que uno se pregunta si cada objeto de más de cinco años de antigüedad no habrá sido deliberadamente destruido para dejarle sitio a las innovaciones. Y sin embargo, como he dicho, el espíritu de su arquitectura pertenece a una época muy anterior, cuando el lujo era solemne, aplomado e indiferente a la angustia o la mala conciencia. La clase de elegancia verdaderamente contemporánea, la clase europea, que consiste en improvisar a partir de materiales baratos, en hacer que lo raído sea chic, sería escandalosa e inimaginable aquí”.

“En realidad, el gobierno nazi y el gobierno peronista no se parecen demasiado. Perón está a la cabeza de una oligarquía, una suerte de poderosa monarquía bajo formas republicanas, no de un régimen totalitario. No ha construido un estado policial. Su máquina partidaria no está rigurosamente organizada. Sus medidas represivas son indirectas y solapadas, no abiertas y brutales. Los periódicos opositores son comprados o amenazados con escasez de papel de diario. Los impresores de literatura antiperonista suelen ser informados por las autoridades de que sus talleres deberán cerrarse porque son demasiado pequeños, o insalubres, o de alguna manera no cumplen con las últimas regulaciones”.

 

Publicado originalmente en “Perfil”, el 8-12-2012

 

© Ángel Faretta
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