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Secreto profesional

Incluiré aquí, a modo de addenda a mis textos ya publicados, fragmentos de diversas obras y de autores que a lo largo de los años han contado en mi pensamiento y a los que he tenido muy presentes en la elaboración de mis propias teorías en relación con el mito, el símbolo y lo metafísico. Y en especial de aquellos relacionados con la oposición símbolo/ alegoría de capital importancia como sabe ya mi lector.
    Comenzaré con los más o menos contemporáneos para en siguientes entradas –Dios mediante- incluir algunos de autores más alejados; aunque tan sólo en el tiempo...

 

 

  “El mito no es historia ocurrida en un tiempo anterior; es realidad intemporal que se reitera en la historia.”
  Ernst Jünger, “La emboscadura”.

 

 “La religión mira al futuro, sólo la cultura mira al pasado”.
Bernard Berenson, “Coloquios con Morra”.

 

“Es propio del mito pues, dar sentido al universo”.
   Georges Gusdorf, “Mito y Metafísica”.

 

“Una fecha de fiesta es un elemento del tiempo que se distingue de los otros por cualidades particulares de tal naturaleza que lo sagrado puede producirse allí, en medio de lo profano. Lo eterno toca a lo temporal”. Henri Hubert, Preface a Czarnowski, “Le culte des Héroes et ses conditions sociales”. Alcan, 1919.

 

“El símbolo aporta en la actualidad experiencia de los valores y de los acontecimientos transpersonales que el individuo no era capaz de aprehender consciente y voluntariamente. Gracias al símbolo, la vida psíquica no es ni insípida, ni mediocre, ni estéril. Aquellos mismos que no pueden sospechar la metafísica y la teología enterradas en su imaginación  y sus nostalgias, gozan – “inconscientemente” -, sin embargo, de una vida psíquica rica y significativa.
Mircea Eliade, “Diario, 14 de enero, 1959”.

 

“Mítico es todo lo imaginado en lo que participa tu vida. En lo mítico cada objeto recibe un doble sentido, que es también su sentido contrario; muerte es vida, lucha con serpientes es abrazo de amor. Por eso en lo mítico todo está equilibrado”.
 Hugo von Hofmannsthal.  “Buch der Freunde”.

 

“También Billy Budd es un mito. Es decir, contiene significados que no permiten ser reducidos a un simple conocimiento, sino que son sólo transmisibles en el idioma de la parábola.”
 Günter Blöcker, “Líneas y perfiles de la literatura moderna”.

 

Las alegorías se hacen, son instrucciones de empleo adheridas sobre el objeto. Los símbolos crecen, pertenecen a la misma carne de la obra, y le son inseparables. “El símbolo despierta presagios; la palabra no puede más que explicar”.
 Johann Jacob Bachofen, Passim

 

“Por el símbolo se puede aunar lo más dispar en una impresión general unificada”.
 Ibídem.

 

“... puesto que un símbolo o un mito evidencian las modalidades que un rito implica, pero que no puede por sí mismo manifestar. La diferencian entre el nivel de un símbolo, por ejemplo, y el de un rito es de tal naturaleza que jamás podrá el rito revelar todo lo que el símbolo revela”. Eliade, “Tratado de historia de las religiones”

 

“Según se ve, el símbolo era un signo visible de una realidad superior que por su intermedio se hacía intelegible.”
P. Alfredo Saénz S. J. “Sobre el icono”

 

 “Si necesitamos el arte sólo si y porque nos gusta, y debemos ser buenos, sólo porque nos gusta ser buenos, el arte y la moral se convierten en meras cuestiones de gusto y nada puede objetarse si decimos que no nos interesa el arte porque no nos gusta o que no tenemos ningún motivo para ser buenos porque preferimos ser malos.”
Ananda Coomaraswamy: “La filosofía cristiana y oriental del arte”.

 

“Es función de todo arte hacernos percibir un orden de vida imponiendo un orden.”
T. S.  Eliot “Poesía y Drama”.

 

    “Porque en esencia la función del arte, al imponer a la realidad ordinaria un orden creíble, provocando así la percepción de un orden “en” la realidad, consiste en llevarnos a la serenidad, la calma y la reconciliación, y en dejarnos después, como dejó Virgilio a Dante, para que prosigamos rumbo a esa región en donde el guía ya no puede servirnos.”
Ibídem.

 

“El mito narra una historia sagrada; narra un acontecimiento que tuvo lugar en el tiempo primordial, el tiempo fabuloso del “principio”. Dicho de otro modo: el mito explica cómo gracias a las acciones de los seres sobrenaturales,  una realidad ha venido a la existencia, ya sea la realidad total del cosmos, o tan sólo un fragmento: una isla, una especie vegetal, un comportamiento humano, una intuición. Es siempre pues el relato de una “creación”: se narra como algo que ha sido producido, que ha comenzado a “ser”. El mito no habla sino de lo que realmente ha sucedido y se ha manifestado (...) En definitiva: los mitos describen las distintas y frecuentemente dramáticas irrupciones de lo sagrado en el Mundo. Es esta irrupción de lo sagrado lo que fundamenta realmente el mundo y la que lo hace tal como es actualmente. Más aún: el hombre es hoy lo que es, un ser mortal, sexuado y cultural, como consecuencia de las intervenciones de los seres sobrenaturales.”
Eliade, “Aspectos del mito” (*)

 

Así por ejemplo: “el hombre es mortal porque un antepasado divino perdió estúpidamente la inmortalidad, o porque un ser sobrenatural decidió quitársela, o porque, como consecuencia de un suceso mítico, se ha visto dotado a la vez de sexualidad y mortalidad, etc.”
  Ibídem

 

   “Para el australiano y para el chino, para el campesino europeo y para el indio, los mitos son verdad, porque son sagrados, porque hablan de seres y de acontecimientos sagrados”
 Eliade “Imágenes y símbolos”

 

“El mito es solidario de la ontología. No habla sino de realidades, de aquello que ha sucedido realmente, de lo que se ha manifestado plenamente (...) Para las sociedades arcaicas, lo sagrado es lo real por excelencia. Todo lo que pertenece a la esfera de lo profano no participa del ser, ya que lo profano no ha sido fundado ontológicamente por el mito.”
 Ibídem

 

  “El primitivo al transformar todos los actos fisiológicos en ceremonias, se esfuerza en “traspasar”, en proyectarse más allá del tiempo (de lo venidero) hacia la eternidad”.
Eliade, “Tratado...”

 

   “La alegoría consiste en una red infinita de significados y correlaciones en la que todo puede convertirse en una representación de todo, pero siempre dentro de los límites del lenguaje y de la expresión. En este sentido, se puede hablar de inmanencia alegórica. Lo que se expresa por y en el signo alegórico, es, en primer lugar, algo que tiene su propio contexto significativo, pero que, al volverse alegórico, pierde su propio significado y se convierte en vehículo de otra cosa. En realidad la alegoría surge, por así decirlo, de la brecha que se abre en ese momento entre la forma y su significado. Ambos han dejado de estar indisolublemente unidos; el significado ya no se limita a esa forma particular, ni la forma a ese contenido significativo particular. En suma, lo que aparece en la alegoría es la infinidad de significados que acompañan a toda representación.”

 

“En el símbolo (místico), una realidad que para nosotros no está por sí sola dotada de forma ni de contorno se vuelve transparente y, de alguna manera, visible a través de otra realidad que recubre su contenido con un significado visible y expresable; por ejemplo la cruz para los cristianos. Aquello que se convierte en símbolo conserva su forma y contenido originales. No se transforma, por así decirlo, en una concha vacía en la que se vierte un nuevo contenido, sino que por sí mismo, por su propia existencia, vuelve transparente otra realidad que no puede manifestarse de ninguna otra forma. Se podemos definir la alegoría como la representación de algo expresable por medio de otra cosa expresable, el símbolo (místico) es la representación expresable de algo que se encuentra más allá de la esfera de la expresión y de la comunicación, algo que proviene de una esfera cuyo rostro está, por así decirlo, vuelto hacia dentro y alejado de nosotros. Una realidad oculta e inexpresable encuentra su expresión en el símbolo. Si bien el símbolo es también un signo o una representación, es no obstante algo más que eso.
   También para el cabalista todo lo que existe está en una interminable correlación con toda la creación; también para él, todo es reflejo de todo. Pero descubre, además, algo que no está cubierto por la red alegórica: un reflejo de la verdadera trascendencia. El símbolo no “significa” nada y no comunica nada, pero hace transparente algo que está más allá de toda expresión. Allí donde una penetración más profunda de la estructura de la alegoría descubre nuevas posibilidades de significación, el símbolo se entiende inmediatamente por medio de la intuición o no se entiende en absoluto. El símbolo, en el que confluyen la vida del Creador y la de la creación y se unen en una sola cosa, es –para emplear palabras de Creuzer – “un rayo de luz que, salido de las profundidades sombrías y abismales de la existencia y del conocimiento cae en nuestros ojos y penetra todo nuestro ser”. Es una “totalidad momentánea” que se percibe intuitivamente en un ahora místico: la dimensión del tiempo propia del símbolo.”
Gershom Scholem, “Grandes corrientes de la mística judía”.  

 

  Romano Guardini en un artículo de mil novecientos cincuenta sobre el Mito: “Mais après que la révélation a accompli cette première tâche, cette tâche fondamentale, elle en remplit une seconde: elle montre comment les vérités que renferme le mythe peuvent être incorporées à l’existence du croyant, car elle aussi appartiennent à Dieu”.

 

  “Hay una gran diferencia entre el poeta que busca lo particular con miras a lo general y el que ve lo general en lo particular. La primera da nacimiento a la alegoría don de lo particular vale únicamente como ejemplo de lo general;  el segundo nos entrega la naturaleza propia de la poesía: esta enuncia lo particular sin pensar en lo general, sin apuntar a él”.
 Goethe “Máximas y reflexiones”.

 

   “El símbolo es un signo incluido en la idea que representa. No podría definirse más claramente lo simbólico por oposición a lo alegórico sino diciendo que siempre es en sí una parte del todo que representa.”
Leonardo Castellani, L. i. (*)

 

“La alegoría sólo puede ser expresada conscientemente; mientras en el símbolo es muy posible que la verdad general esté inconscientemente en la mente del escritor durante la construcción de un símbolo... La ventaja de la literatura simbólica sobre la alegoría es que no supone disyunción de facultades sino simple dominio.
   S. T. Coleridge. “Miscellaneous criticism”.

 

  “Reunir varios significados en un único momento de acción, es ejercer... la imaginación simbólica... La imaginación simbólica conduce una acción por analogía: de lo humano a lo divino, de lo natural a lo sobrenatural, de lo bajo a lo elevado, del tiempo a la eternidad.”
Allen Tate, “Collected Essays”

 

  “Según creo no está en mano de cada uno interpretar a su modo el concepto “mito”. “Mito” es en sentido estricto una historia que se desarrolla entre la esfera divina y la humana, que no es la invención del narrador en cuestión, sino que, antes bien, él reproduce como algo heredado. La narración de un mito auténtico no empieza nunca como el discurso alegórico del Fedro; empieza con las palabras: palia légetai, “ha sido dicho de antiguo...”
Joseph Pieper, “Sobre el ‘Fedro’ de Platón”

 

   “Un mito es siempre simbólico; por esto no tiene nunca un significado unívoco, alegórico, sino una vida encapsulada, que según el terreno y la savia que la nutre, puede estallar en los más diversos y múltiples florecimientos. Es un suceso único, absoluto; un concentrado cuya potencia vital es de otras esferas distintas a la nuestra cotidiana, y como tal derrama un aire de milagro en todo aquello que los presupone y se le asemeja. No se puede definir el símbolo sino como un objeto, una calidad, un suceso que un valor único, absoluto, arranca a la causalidad natural y aísla en medio de la realidad. El más simple de los símbolos, un pañuelo que el enamorado ha recibido de la amada, es tal en cuanto ha adquirido un valor absoluto que lo carga de significados múltiples y éstos duran mientras dura la exaltación amorosa.”
Cesare Pavese, “Del mito, del símbolo y de otras cosas”, en “Feria de agosto”.

 

“...un mito es la representación imaginativa de una verdad”.
G. K. Chesterton. “El hombre eterno”.

 

  “En resumen existe entre las tres parejas de términos sariat y haqiqat, zahir y batin, tanzil y tawil la misma relación que entre el símbolo y lo simbolizado. Sírvanos esta rigurosa correspondencia de garantía contra la desafortunada confusión del símbolo con la alegoría. La alegoría es una representación más o menos artificial de generalidades y abstracciones perfectamente cognoscibles y expresables por otras vías. El símbolo es la única expresión posible de lo simbolizado, es decir del significado con aquello que significa. Nunca se descifra por completo. La percepción simbólica opera una transmutación de los datos inmediatos (sensibles, literales), los vuelve transparentes. Sin esta transparencia resulta imposible pasar de un plano a otro. Recíprocamente sin un pluralidad de universos escalonados en perspectiva ascendente, la exégesis simbólica desaparece carente de función y sentido. Ya aludimos a ello antes. Esta exégesis presupone pues, una teosofía en la que los mundos se correspondan: los universos suprasensibles y espirituales, el macrocosmos u Homo maximus (Insan kabir) y el microcosmos”.
  Henri Corbin “Historia de la filosofía islámica”

 

N. B.: lo cito traducido del original en francés Aspects du Mithe y no en su traducción castellana “Mito y realidad” (sic) donde y como tantas veces su traductor pareciera querer negar lo que libro y autor caído en sus manos se propone decir.

L. i. refiere a Locus ignotus, lugar que ignoro, puesto que no recuerdo ya o he olvidado con el correr del tiempo de qué libro o texto he tomado el fragmento. Si el lector recuerda o lo ubica, le ruego que por este medio me lo haga saber.

 

© Ángel Faretta
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