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Coloquio sobre Avatar

Comenzamos aquí un coloquio entre algunos amigos sobre el film “Avatar” de James Cameron.

Ángel:
Como sucede en “Titanic” donde la cita es kitsch, puesto que quien bautiza a la nave lo hace vaciando su sentido y empleando exclusivamente el superficial, así sucede en “Avatar” y doblemente. Aquí tanto el experimento de hacer mutar a una persona en “otra”, empleando para ello restos de otra, y hermana suya, así como el propio planeta adonde los “restos” de la tierra se aprestan a explotar -y que llaman Pandora-, reduplica el vaciamiento mítico-simbólico que en Titanic era tan solo uno. Si aquí la nave orgullosa y altiva en su viaje inaugural tecnifica el mito con su nombre, en el fin de esta empresa predatoria y ya con una Tierra exhausta que viaja en una nave-factoría-laboratorio para apropiarse de un “bien”, debe no solo -como digo- reduplicar la tecnificación del mito sino que en su anemia bulímica debe proceder doblemente.

Por un lado emplea de manera inerte -y una vez más- un mitologema procedente del común pasado griego europeo –Pandora-, pero aquí sumado a otro de origen hindú –Avatar. O sea que aquí se va hasta “más atrás”; hasta el propio origen indoeuropeo común de lo que llamamos lo europeo tanto en Europa como en América.

Digamos también que al sumar globalmente ambos orígenes, es como si la fuerza mántica de ambos unidos hiciera estallar -tanto como epifanía como explosión “mecánica”- a los que así tecnifican el mito. Tendríamos y para resumir y ponernos en tema tres reacciones. La del jefe militar y la del manager: luego la del o la -en este caso- científica, y finalmente la de Jake, el héroe –que es también varias otras cosas como veremos.

Es decir, puesto frente a lo raigal y lo originario se tendrían tres respuestas: el odio y la explotación, el deseo o voluntad de saber en sentido primero profano y luego –vía la Gracia- el saber tradicional –claro que in extremis-, y luego el pleno conocimiento que es Amor, tanto como Eros como Ágape. Claro que antes ese héroe tiene que padecer física, carnalmente, en su propia creación, o más bien en su re-creación.

Sebastián Nuñez:
Esas reacciones, que sintetizan la mentalidad perversa de la porción de sociedad humana que llega Pandora, ponen de manifiesto también una total caída de la trifuncionalidad de la mentalidad indoeuropea tradicional. Así, la primera función, la de la soberanía, se ve parodiada en el rol del manager; la segunda, la de la administración de la fuerza, es decir la heroica, en el jefe militar; y la tercera, la de la producción, en los miles de empleados –soldados, científicos, etc.- que sólo son capaces de recibir órdenes de forma burocrática. Me parece muy destacable cómo Cameron hace hincapié en remarcar la imposibilidad de la segunda de ellas -que fue siempre la central y preponderante en el cine- dentro del ámbito humano, por decirlo de alguna manera. Aquí el héroe, para ser tal, debe pasar al otro lado, recrearse, como dice Ángel: dejar de ser Jake Sully para dar lugar a Jekesully. En Pandora la trifuncionalidad es clara y se encuentra en estado completamente operativo, por eso Jake encuentra allí su lugar. Claro que esto es posible por el carácter religioso de los Na’vi.

Y por todo esto la pelea final es entre él –en su nuevo cuerpo, que primero es artificial pero que finalmente será el único y real- y el jefe militar, quien también lucha sirviéndose de un nuevo cuerpo, aunque éste es totalmente mecánico, y a diferencia del avatar de Jake muestra los feos rasgos de la producción industrial. Ahí tenemos resumido entonces la diferencia –mediante su enfrentamiento- entre la verdadera función heroica y su parodia.

Diego Gerzovich:
Frente a tanta perogrullada que insiste en colocar la película de Cameron en la línea horizontal de la historia del imperialismo y el anti-imperialismo, tiendo a pensar Avatar como un film religioso. Un film sobre los inicios de la religión. Y sólo desde este punto de partida acepto que Avatar es un relato plenamente político. Una puesta en escena, entonces, de lo teológico-político. Quiero probar lo primordial: la religiosidad de Cameron. Jake (la J de Jack, de James.. la J) es elegido por los dioses Na'vi mucho antes de que cualquier Na’vi pueda imaginar la necesidad de una decisión. Así, Jake tendrá su destino marcado mucho antes de iniciar la batalla. Jake abre los brazos en forma de cruz y recibe, fijo en esa posición y frente a la mirada extasiada de Naitiri, esa lluvia de flores o de capullos flotantes. La simetría de esta escena iniciática con la crucifixión de Jake y la Dra. Grace (la claridad y maestría de Cameron para poner nombres a sus personajes es notable), no deja lugar a dudas. Sólo en ese momento, con el sello de las lágrimas de la siempre firme líder espiritual de los Na’vi, se consuma la entrada de su pueblo en la historia: a través de la religión, y por medio de la guerra

Mariano Sánchez:
No descubrimos nada al decir que, desde hace más de doscientos años, el mundo de los hombres –este ámbito humano que menciona Sebastián- es un mundo cada vez más horizontal. Toda idea de verticalidad ha sido progresiva y progresistamente tachada y con ella toda forma de conexión con lo trascendente. Consecuentemente, como bien se observa, la función heroica ya no tiene lugar en este escenario. El hombre de hoy –o del 2154, no parece haber grandes diferencias- obviamente ya no puede vivir en el Edén, pero ni siquiera puede vivir en Pandora. De hecho, para muchos de los humanos que llegan allí, el lugar es aún peor que el mismísimo infierno. Si es que este efectivamente existe. Paradójica y simétricamente, quienes habitan el paraíso llaman a estos visitantes infernales que arrasan y horizontalizan su mundo “la gente del cielo”.

Sin una re-creación -recuérdese que para los Na’vi uno hace dos veces, la segunda cuando gana su lugar entre la gente, para siempre- Pandora es para el hombre un lugar hostil e incomprensible. Claro, ¿cómo puede el hombre comprender un mundo en el que los nativos viven en el eje del mundo -el Árbol-Casa-, las montañas flotan y todo tiende al cielo, si él vive en monstruosos edificios que a lo máximo que pueden aspirar del cielo es a rascarlo? ¿Cómo comprender una conexión tan profunda con la naturaleza –tsahilu- si la única conexión posible en el mundo actual se mide en megabytes?
Tal vez sea Cameron el último avatar de la autoconciencia y su obra la última forma de recordarle a este hombre que parece haberlo olvidado, que toda energía es prestada y en algún momento tenemos que devolverla.

Fernando Regueira:
Retomando lo que bien señala Sebastián sobre el carácter religioso de los Na’Vi como base ineludible para que la trifuncionalidad sea operativa y no especulativa, me gustaría detenerme un instante en el símbolo visible de este orden vertical, el Árbol, aquí el Árbol-Casa. Los Na´vi no tienen solamente, como toda cultura tradicional, un eje vertical que une Cielo y Tierra y es el puente de comunicación entre el hombre y su Creador, sino que, yendo un paso más allá, viven literalmente en y sobre él, es su “casa” o mejor aún, es lo que los mantiene en contacto con su verdadera Casa. Pocas veces ha llegado tan lejos la representación cinematográfica, si no me equivoco, en la representación del estado adánico, un verdadero tour de force para la imaginación contemporánea.

Por eso Cameron, creo, se juega en esta película muchas más fichas que en Titanic, ya que con autoconciente voluntad wagneriana, crea un mundo ex nihilo, para llevar aún más al extremo su visión del mundo. Por otro lado, debajo del Árbol-Casa está el unobtainium, las más brillante encarnación cinematográfica del Mc Guffin, mejor aún y que San Hitch me perdone, que los del mismo maestro. Tal como debajo de la Cruz de Cristo (el árbol-madero-eje vertical en el Cristianismo) están los restos de Adán, el sustrato del eje vertical en Avatar, es eso innombrable, misterioso y lleno de valor y poder que el mundo i-rreligioso busca desesperadamente, sin conocer su verdadera naturaleza o valor.

Para terminar con el tema del Árbol, recordar que no hay uno sino dos árboles, en la película. Ese último Árbol queda intocado y es allí donde Jackesully nace a la plenitud de la vida, allí donde Grace Augustine por fin recibió la Gracia. Perdón, dije “para terminar” pero en realidad todo esto no son más que apuntes al pasar, habría que escribir verdaderamente un tratado con esta película, no se qué opinan los demás.

Leonardo D’Espósito:
Antes que nada, gracias por la invitación al coloquio.
Leo todo lo que han escrito, comparto. Lo de Fernando, dado que habla de inicio, me incita a seguir. Es interesante pensar que el petróleo, esa demasiado remanida metáfora contemporánea, es básicamente un residuo del pasado, literalmente los huesos de Adán. Y que el Árbol-Casa con su unobtanium abajo implica el reverso especular de la torre de extracción y el petróleo. Pero esto no para acusar –aquí sigo a Sebastián- alegóricamente al gobierno estadounidense por sus desquicios medioorientales, sino para comprender que en Pandora el orden no se ha roto, sino que hay una integración total entre la inteligencia, el libre albedrío y el mundo. El árbol no es la torre que extrae, vampíricamente, el pasado de la Tierra para consumirlo, sino la torre que preserva el secreto que da sentido –dirección, esto es- a la vida en Pandora. Al volverse Na’vi en cuerpo, Jake no tiene más alternativa que experimentar el mundo, sentir y luego creer
como un Na’vi. El aspecto exterior no es otra cosa (y esto es la clave del cine de animación, por otro lado, aquí –debería extenderme sobre esto- no hay realmente “dibujo animado”, sino su cura mediante una tecnología que lo vuelve analógico de lo real, huella del acontecimiento, material verdadero para las manos del artista) que el reflejo del aspecto interior, que crece hasta que expulsa las últimas trazas del humano en Jake.

Lo que me llama la atención del film es que, al mismo tiempo que propone un comienzo nuevo, ajusta las cuentas con todo el cine contenidista-político porque literalmente explica que éste no va más allá de la superficie pequeño burguesa del problema (“¿Qué les vamos a dar, zapatillas de básquet y cerveza?”) porque quienes se dedican a esa tarea de hipócritas nobles están sujetos al orden pequeño burgués que buscan perpetuar. La verdad es otra y ha sido sepultada por la creencia aún operativa de que el hombre puede manejarlo todo (aunque la propia ciencia –y por eso aquí los científicos son tan parias como los artistas y como los nativos desde el punto de vista de “la compañía”, esos “tenderos y mercachifles”- demuestra que no es así, ver cualquier libro de vulgarización sobre mecánica cuántica) y ya está definitivamente colocado en el lugar de la divinidad. Que, si no somos como dioses, es por falta de información.

Cosa curiosa, en Avatar, efectivamente, la diosa se manifiesta a través de la información, pero es otra cosa. “Es real”, dice en su último suspiro Gracia Agustina, la científica que sabe que no todo se reduce a las fórmulas y las muestras. En el fondo es simple: si es cierto que aún el Espíritu sopla (siempre donde quiere), el exceso de ventiladores y aires acondicionados lo disolvió en nada. Sólo puede reaparecer -o reconocerse, más bien- en otro lado. Un “otro lado” tan radicalmente bueno y armónico que no necesita religión porque no tiene nada que “religar”: lo trascendente y lo cotidiano forman una sola entidad. Ese lugar sólo existe en la imaginación y sólo es accesible por el cine.

Rodrigo Campos:
Tomando un poco de cada uno y de lo que venía rumiando para mí, me detengo en asunto del poder y la segunda función.
Por un lado está el esquema del poder que rige a los predadores de Pandora –en estado de caída, paródico y también horizontal(Nuñez, Sánchez)- y por el otro lado, el esquema de poder al que reconduce el asunto a través del ‘avatar’ del Avatar (film incluido) -que es, me parece, al que se refiere Ángel al hablar de las tres ‘reacciones’ frente a lo originario -odio, voluntad de saber (en sus dos modos profano y sagrado) y finalmente conocimiento-. Este paso de uno a otro esquema es una necesidad en el film y es lo que da por tierra con la interpretación meramente horizontal del ‘imperialismo-antiimperialismo’.

Me permito desarrollar algo respecto del primer esquema de poder. A pesar de su horizontalidad es manifiesta, hay en él una jerarquía, que no solo está invertida respecto de su forma tradicional, sino que es a la vez doble.
Su inversión radica en que es el manager (‘el viejo Creso’ o ‘el adiposo Vaysia’ diría Marechal) quien debe ‘dar la orden’ para el ataque. Y es él a quien las otras dos pseudo-funciones –o más bien departamentos de la empresa predatoria- deben ‘engatusar’ para sus propios fines: el infierno tecno-militar de devastación en masa y el limbo científico de investigación in-trascendente.

Significativamente, en el momento de tomar la decisión del ataque, el manager se sienta a reflexionar tal vez acerca del ‘humanismo’ que le exigen (los científicos) o le prometen (los militares). Endemientras, hace girar con su dedito la muestra de inobtanium. En este esquema invertido de mera expoliación material, el exceso de fuerza siempre llevará las de ganar, ya que no es más que la falla constitutiva de la función guerrera -pero ahora multiplicada por la movilización total-. En este esquema, andar horizontalmente, es hundirse.
Ahora bien, esta jerarquía invertida, tiene un doble, una contracara que es –sabemos- meramente discursiva. La sobre-modernidad y su algarabía contemporánea nos presentan a la explotación masiva y a la destrucción militar como males más o menos necesarios (en un más o menos ‘a debatir’ hasta el día del arquero). Esos males, en realidad, sostendrían un ‘progreso’ –cada vez más- indefinido, que tiene como punta de lanza a una supuesta ‘investigación científica’, que toma el lugar de bien absoluto mientras es acompañada por un basso continuo de panteísmo carnavalesco y naturalismo dietético. De allí, la sistemática presentación divulgadora del film como una ‘fábula ecologista’.

Este discurso –así como el resto de la Tierra- está en el film fuera de campo. O sea, está depositado en el espectador. De manera que su carácter meramente dis-cursivo –después de todo, la Palabra está hecha también de meras palabras-, es aprovechado por Cameron para reconducirlo a la forma tradicional, a través de las ‘tres reacciones’, de las cuales la científica Grace es la bisagra.
Por su lado, el guerrero (que ya se rió de sí diciendo ‘here I am, doing science’) es reconocido en Pandora primero por una señal trascendente –un ‘panadero’ del árbol de la vida- que le informa a Neytiri que debe dejar usar esa flecha al final de la película y que salva a Jake, y luego por un signo externo que marca la diferencia: ‘Es el primer guerrero que mandan, tal vez pueda aprender’.

La trascendencia del aprendizaje –no es el único guerrero que aprende en el film- está dada por el hecho de que no sólo cumple en su justa medida las tres funciones, sometiéndose a los designios de la primera función, sino que sabe que debe ‘ir más allá: “Tal vez esté hablándole a un árbol” dice Jake, mientras Neytiri (que conoce the stories, but not The History) le asegura que Eywa no toma parte en las disputas sino que sólo mantiene el equilibrio-. Eywa lo mantendrá.

Ángel:
Bien, me parece excelente que en este coloquio se atienda de movida a lo fundamental. Así que, si me permiten- retomar las funciones de anfitrión, recordaré aquí dos o tres cosas para nuestros ocasionales lectores. Ya hemos dicho que aquí –como en Titanic- se tecnifica el mito y doblemente por parte de los mercaderes y por los guerreros desquiciados de sus funciones por la primacía del mercader, cosa que el cine autoconciente desde las palabras de Kurtz en “Apocalypse Now” mantiene con toda lucidez con el eje de sus preocupaciones. Así que aquí Avatar -por cierto acentuado en la –última “a” y no en la primera como se dice estúpidamente por allí- es una tecnificación debida tanto a la ciencia -que está subordinada al mercader como de los mandos militares de esa Tierra ya “sin medios”.

Estrictamente avatar es la forma humana que un dios -por lo general Vishnú- toma para aparecérsele al hombre y no destruirlo. Algo que hace recordar al momento en que Dios le pide a Moisés que no lo mire porque “guay del que cae en manos del Dios vivo”

El más célebre de tales avatares es Krishna –otro es Rama- debido a que así se le aparece al guerrero Arjuna antes de la batalla en el Baghavad Gita, el más accesible de los libros orientales al occidental junto con el Tao Te King. Como recordarán, allí como resumen de sus enseñanzas está el consejo de Krishna al guerrero de que debe pelear sin codiciar los frutos de la batalla. Por cierto Vishnú es habitualmente representado o figurado con la piel color azul. Esta y otras simbologías empleadas con su habitual maestría por Cameron no implica que en Avatar se caiga en el sincretismo –mezcla de diversos elementos religiosos unidos al capricho-, ni menos en el panteísmo del cual se tiene una malísima información –como en casi todo lo que atañe a lo sagrado y a lo religioso por lo demás. Puesto que un punto central de la visión o, si queremos, “filosofía” panteísta dice que “Dios no ama ni detesta a nadie”. Cosa ésta que no parece responder a los móviles de Eywa. Aunque es posible que los “críticos” que enarbolaban tal cosa, no vieran esa escena, tal vez porque estaban en los sanitarios.

Ah, otro cosa. Ya varios de ustedes pusieron justamente el acento de sus reflexiones sobre la trifuncionalidad. Y como siempre he pensado que es el capítulo que he dejado más -¿cómo decirlo?- sintéticamente expresado en El concepto del cine, qué mejor que estos largos excursos al respecto que nos permite también “Avatar”. Solo esto quiero señalar, el perfectísimo empleo de la misma y en especial la maravillosa resolución dramática de la primera función -siempre tan compleja de representar por su carácter doble, la soberanía “real” y lo sagrado. Aquí reconfigurado a la perfección ya que el padre de Neytiri (Eytukan) es el monarca y su madre (Mo’at) la sacerdotisa.

Gabriel Charrúa:
   Todos bebimos del mismo vino ¡y hasta de la misma copa!, pero sin duda cada uno siente el sabor de una manera particular.
Creo que Cameron como Jake Sully necesita que lo “volvamos a ver”, que “volvamos a confiar en él” y para eso tiene que  pasar a otro nivel con un acto loco o desesperado; “domar al leonóptero” y convertirse en Toruc Macto. Si en Titanic el cine puede ser el barco que indefectiblemente se iba a hundir, aquí es Pandora; ese planeta reminiscencia de caja en la que sabemos sólo queda la esperanza.
Cameron parece gritarle a la audiencia y a la industria qué es el cine: Idea (en el sentido que le daban los griegos al término, imagen) Entretenimiento y Tecnología. Imposible en Avatar soslayar este tercer componente, porque el director extrema la paradoja que presenta en todas sus películas anteriores: el cuestionamiento al desarrollo tecnológico utilizando un dispositivo tecnológico súper sofisticado. No es un detalle menor que lo que vemos en el cine a través de los obligados anteojos no sucede siquiera en un set de filmación.
 En relación con sus películas anteriores –además de lo dicho de Titanic- imposible no ligar Avatar con Abismo y Aliens.  De la primera me interesa resaltar la representación iconográfica del bien, que tiene contigüidad en la escena que relata Diego Gerzovich en la que Jake abre sus brazos y es literalmente iluminado por esa suerte de panaderos, flores de Eywa. La relación con Aliens requiere de un escrito aparte, cabe nombrar simplemente la continuación de tema, de corporación, de actriz y hasta de máquinas prolongadoras de la fuerza del hombre.
Hay un elemento que me llamó la atención en las sucesivas visiones del film y sobre el que no termino de formar una opinión. Avatar nos presenta una continuación de Apocalipsis Now, ahora en el espacio. Lo primitivo, lo sagrado (“lo otro” presentado como nunca en una película de ciencia ficción), los ritos de pasaje, la iniciación, el contraste entre el soldado y el guerrero y muchos otros temas son recreados aquí. J. Conrad vuelve entonces a cuestionarnos acerca de la colonización (en términos Sarmientinos: de la civilización o la barbarie) expuestos ya brutalmente por Kurtz: les dimos vacunas y amanecieron con los brazos cortados y aquí: ¡les construimos escuelas y caminos! Vuelve Apocalipsis Now en ese jefe militar (ahora declaradamente mercenario) que toma café a lo Kilgore, mientras bombardea el árbol casa.
Y ahora la inquietud que quiero dejar planteada. Escuchamos en la batalla final música que es imposible no asociar con Wagner y sus Walkyrias (que recordemos suenan en el bombardeo de Kilgore). Me parece que tanto es así que Cameron codea a los distraídos poniéndole a las naves ese nombre.  Leo que las Valquirias son, en la mitología nórdica, deidades femeninas que rescataban a los guerreros heroicos. Para que no queden dudas vemos en una de las últimas escenas –y una de las más bellas en la historia del cine- a Naitiry revivir (amar y besar) a Jake humano.
¿Cuál creen que es la función de esa música?

Natalia Zlachevsky
   Para comenzar quiero destacar todos los aportes leídos en este espacio y las puertas que se abren. Coincido en que Avatar pensada en clave políticamente correcta, Anti-imperialista desaprovecha la oportunidad de postular un Pandora real, en el futuro o en otro tiempo pero no en la “buhardilla” o en los paraísos artificiales.
A su vez acusarla de new age, es desconocer el manejo minucioso de la temporalidad a lo largo de la película, un entretejer el tiempo cíclico del eterno retorno (Toruk Makto) con el tiempo histórico que irrumpe en forma de realidad virtual.
Si bien lo religioso es eje vertical y por qué no transversal de la obra, no dejaría pasar el hecho de que aquí se cuestionan las fuentes del conocimiento fragmentado de la ciencia moderna, tales como la experimentación, la observación, el muestreo, la sistematización y el método que se ponen en tensión frente a la interconexión, la tradición, la iniciación y la plegaria.
En Dark Angel partimos de una silla de ruedas para postular al ser humano en caída y encontramos en Max y Logan tanto la complementariedad fuerza-conocimiento como la de eros-ágape. En Avatar, el director lleva al cine su secreto, que la díada es heroica en tanto refundación de la comunidad.

Diego Gerzovich:
 Quiero insistir con las lágrimas. De las lágrimas de Mo’at nace el héroe. Parirás con dolor. Las lágrimas, por otra parte, son la señal de la profecía cumplida. Cameron no regala lágrimas: recordar su relevancia en Terminator. A partir de las lágrimas de Mo’at comienza a escribirse otra historia. El tiempo comienza para los Na’vi. Y todos los hechos y palabras anteriores deben ser reinterpretados bajo la luz de esas lágrimas y de ese re-nacimiento. Avatar está dividida en dos partes, como si fueran el libro viejo y el libro nuevo. Y hay que leer el viejo a la luz del nuevo. Cameron sabe que uno de los significados posibles de "religión" es re-legere, releer, leer dos veces.
Allí, y en ese momento, mientras el Árbol-casa-eje del mundo antiguo cae, se levanta otro árbol-madero en el que están atados Jakesully y la Dra. Grace; allí, y en ese momento, las lágrimas de la profetisa-líder de los Omaticaya desatan a los prisioneros; allí, y en ese momento se desata el nudo de la historia. A partir de allí y de ese momento de desorden absoluto, de ese estado de excepción  Na’vi, cada cosa, palabra, hecho, antes incomprensibles en sus verdaderos significados, antes figuras, antes signos, ahora, luego de ese instante de decisión inapelable (la líder espiritual de un pueblo designa al líder militar de la tribu) se transformarán en símbolos, se unirán con lo presente y darán sentido a lo porvenir. Cameron ubica allí el fin del mito y el re-nacimiento, ahora sí religioso, de todo un pueblo. El primer acto político de ese pueblo nuevo en la historia, es la escena final de Avatar.
Cameron va desgajando con paciencia de orfebre, a través de la creciente confusión entre la trifuncionalidad caída de los humanos y la trifuncionalidad operativa de los Na’vi, la caída en el caos hasta llegar a la escena culminante en que un orden cae para dar lugar a uno nuevo. Del caos absoluto que significa la caída del árbol-casa nace lo nuevo que sólo será visible, políticamente, luego de la victoria militar. Una pieza clave del viejo orden deberá ser entregada, así funciona lo sagrado, para que nazca el nuevo: el padre de Neytiri, cuya muerte nos entrega, en simetría de las de su madre, las lágrimas de la futura esposa del héroe. Esposa del héroe, y heredera del liderazgo espiritual de su pueblo: Madre.

Ángel:
  Entonces, estimados contertulios, tenemos lo siguiente. “Avatar” describe un planeta llamado por los terrestres Pandora con la intención de tecnificar un mito, es decir vaciarlo de sentido y emplearlo para un fin práctico. Pero este pan-dora -multiplicidad de dones- resulta paradójicamente cierto –esta paradoja del nombre que se da apuradamente a algo y que luego resulta verdad por otros medios, es esencialmente un elemento fundamental –hondante diríamos- del operar del mitologema.
 Pues bien este lugar de muchos dones o de todos los dones ¿en qué consiste? Intentaré resumir aquí todo lo dicho hasta ahora por nosotros En un planeta o mejor dicho un topos, un lugar delimitado de ficción –“Había una vez”. “En un lugar de la Mancha”- en donde la historia y el mito no se han separado sino que son lo mismo, como sucede en el “Perelandra” de la “Trilogía de Ransom” de C. S. Lewis.
   Luego -y por ende- se vive de manera estrictamente trifuncional. La primera función a su vez se divide en dos caras: aquella que administra la soberanía real y la que lo hace con lo sagrado. Luego los guerreros o, mejor dicho, los cazadores puesto que la segunda función es la encargada de administrar la fuerza y como aquí no hay guerras -salvo las de defensa- el guerrero es cazador. Que por supuesto mantiene una relación digamos amorosa con la presa que mata para alimentarse. Claro que el alimento es también hecho sacrificial –es decir sacrum facere, hacer lo sagrado- y por eso el cuidado amoroso con el que se despide al animal recién cazado y a punto de morir.
  Esto es por cierto lo que se conserva modo sui en la corrida de toros. Que no es una estúpida carnicería como piensan algunos que creen que con comer yogurt se alcanza el Nirvana, incluidos ya algunos españoles que lo están tirando todo por la borda; empezando por el idioma castellano.
  Así con ese afecto transitivo o extensivo de su persona al animal trata el matador al toro. Ese amor –que es eros y ágape- por todo lo creado y que se ve hasta en esa frase dicha por el torero al ser corneado por la fiera donde surge “espontáneamente” -desde Manolete a Paquirri-, esa frase ritual de “¡Me ha cogido!” De donde –ya que estamos- posiblemente venga el término obsceno nuestro argentino de coger por relación sexual.
  Aquí la divinidad se la nombra en femenino por la sencilla razón de que el sacerdocio en matrilineal, así como el Dios monoteísta se lo nombra masculino por haber “surgido” en una sociedad patriarcal. No porque nadie piense –desde luego- en géneros con respecto a la divinidad.
  Por supuesto que su culto no es para nada panteísta ni nada que se le parezca porque, a) tiene un altar y ritual definidos, 2); se le reza, y 3) tras la “aparición” de Jake como “avatar” escucha los ruegos. Un Dios que interviene, aún misteriosamente, en la historia no es panteísta.
   Además de que aquí se cumple estrictamente el concepto de Konrad Lorenz explicitado en el resumen de toda su obra con respecto a la naturaleza y el medio ambiente, donde dice que el pecado de la humanidad contra la naturaleza consiste en “la devastación del espacio vital que no sólo destruye el medio ambiente externo donde vivimos sino también el respecto mostrado siempre por el hombre a la belleza y grandiosidad de una creación infinitamente superior a él”  Me permito subrayar esto último porque todavía queda alguna esperanza de que se entienda.
   Pero bueno, como verán la subcultura no refiere solo al cine. Aunque aquí en Avatar –finalmente- el arte y lo sagrado vuelven a converger. Así que paralelamente también convergen los idiotas y los ignorantes. ¡Y de los más opuestos orígenes! ¿O esto ya no es así? Fíjense que tanto el pequeño catoliquito correcto e ignorantón, como el vetusto comunista mutado ahora en progresista parecen estar de acuerdo y formar una alianza contra este film, tal como viene sucediendo desde la autoconciencia. ¿No les parece significativo queridos amigos?

Pablo Leone:
Inagotable. Esa es una de  las primeras sensaciones que me quedan, cuando uno es invitado a visitar Cameron-landia. Toda su obra anterior, aparece en Avatar, como ensayos y borradores, en citas de “déjà vu”. Y si aventuramos que esta sería la primera de una posterior Trilogía, uno en principio se queda sin aliento. Ni hablar de una tetralogía.
 Y si como algunos sostenemos, una (o la única) “función” del Arte es religar, no nos queda mucho camino para recorrer al sostener que J C es tal vez uno de los pocos verdaderos artistas de nuestra época. Y tal vez sea él único que ha ido llevándonos hacia donde todos queremos (o deberíamos) intentar llegar: al Paraíso.
Tenemos, desde hace años, una vieja y pendiente discusión sobre como representar (dentro de las posibilidades humanas) ese Paraíso y sus moradores.
En mi cabeza, aparecen en primera instancia las ilustraciones de Doré en la Divina Comedia.
Porque esta claro que resulta mucho más fácil representar lo contrario, lo infernal. Cualquiera de nosotros puede citar de memoria decenas de films  sobre lo infernal. Hollywood ha trabajado hasta el cansancio, desde lo sublime hasta lo ridículo sobre este tópico.
Desde Seven hasta la insoportable actuación de Pacino en El abogado del diablo (para citar contemporáneos), pasando por decenas de Films, y cada uno puede hacer su propia lista
 En la historia del cine, muchos se han acercado desde diversos ángulos, muchos han insinuado, pero pocos, muy pocos se metieron de lleno como JC con la representación angélica.
 En Terminator de manera casi secreta con las mutilaciones de la espalda del héroe, en la escandalosa El Abismo aceleraba y nos introducía algunos elementos más contundentes sobre todo en el último tramo del film, en Dark Angel desperdigaba iconos (hasta mentaba una “Dama del Velo Azul” tan parecida a nuestra Sra. de Lujan) y en el final de Titanic nos reconducía a un símil del paraíso, donde Rose se re-encontraba con todos los justos, que la esperaban y recibían con aplausos, porque su misión en esta tierra estaba concluida.
Porque la pregunta siempre parecía ser ¿Cómo hacer para “representar con los elementos que el concepto del cine dispone”? Y ¿Cómo hacerlo, cumpliendo con el axioma de don Alfred que pedía “que lo entendiera un matrimonio de clase media japonesa”? Y también, ¿Cómo hacerlo, aun enfrentándose a la “imaginería oficial” aceptada y difundida?
Sabiendo que iba a ser atacado por los actuales Administradores de tal misión: nuestra querida iglesia católica. Y lo escribo en minúscula a propósito. Y todos recordamos los comentarios de L’osservatore romano en su critica cinematográfica…Nada nuevo y muy esperable, por otro lado. Y la confirmación que su misión fue cumplida.
 Las preguntas se multiplican, y los riesgos que se toman también.
JC se tomo 14 años, le sacó una fortuna a los mercachifles pero se metió de lleno.
Y lo resolvió en” un abrir y cerrar de ojos”. He contado la cantidad de veces que Jackesully abre y cierra sus ojos (sus 2 condiciones: humana y na’ vi) en las sucesivas operaciones de traspaso y en los desmayos o “perdidas de conocimiento”. No me voy a meter con los números, que no son mi fuerte. Uds. lo harán mejor. Pero no puedo dejar de preguntarme ¿Qué ven esos ojos en la última escena?
Porque esos ojos ya no pertenecen a un ser humano, y tampoco a un na’ vi. Se ha convertido (porque recién allí termina su rito de iniciación) en otra cosa, en otro ser.
El único antecedente que se me viene a la memoria es el final de “La ultima Ola”
Y, ¡Oh casualidad! Son los ojos de un ser humano blanco que ha estado atravesando una serie de ritos iniciaticos con una de las tribus más arcaicas, australiana en este caso. Y también se ha convertido en otra cosa.
¿Podemos decir que se ha convertido en un nuevo “avatar”?

Sebastián Nuñez:
Es por demás significativo y da la pauta de la importancia y la contundencia de la película de Cameron. Esa alianza nace para atacar algo que evidentemente supera la mentalidad de sus componentes y que éstos no pueden controlar, reducir, clasificar, ni asimilar. Avatar está tan viva (es tan operativa) que incomoda. Por su parte, el progresismo es incapaz de entender mínimamente lo planteado por Avatar ya que ni bien se le aparece algo que se acerca a lo religioso queda espantado (y acá lo religioso es una realidad absoluta); mientras que el “pequeño catoliquito correcto”, como lo denomina Ángel, aún no comprendió cómo tuvo y tiene que actuar el cine frente a las tendencias espirituales y materiales de la modernidad y las reconfiguraciones que por ello tuvo y tiene que llevar adelante para enfrentarlas. O sea no se dio cuenta del ricorso providencial que es el cine. Y que en Cameron se vuelve a manifestar de manera genial.

Por otro lado, me gustaría arriesgar un principio de respuesta a lo planteado por Gabriel en cuanto a la relación entre Avatar, las Walkirias y Apocalypse Now. En el final de la película de Coppola, Willard emprendía un regreso problemático. Por el contrario Jake no tendrá siquiera que regresar, sino que se quedará habitando Pandora. Willard descubría el horror; Jake descubre el Espíritu. Ambos están obligados a llevar adelante misiones militares, pero la gran diferencia es que uno se topa al final de la tierra baldía con Kurtz (y un orden desordenado, el de la Biblia y La rama dorada juntos), mientras que el otro encuentra a Neytiri (y una civilización ordenada que vive lo sagrado como lo que es: realidad absoluta ). Creo que Cameron relaciona su relato con el de Coppola -por eso la música y las Walkirias- para hacer una corrección, o mejor aún, para dar un paso más allá. A Willard, frente al horror descubierto, le faltaba algo; ese algo sí lo tendrá Jake: lo femenino, representado en Neytiri. Claro que, como en toda la obra de Cameron, lo femenino nada tiene que ver con reivindicaciones liberales, progresistas, y demás. Aquí, si seguimos la tríada femenina compuesta por Grace-Neytiri-Mo’at, y la función que cumplen en el camino de Jake, entenderemos qué busca simbolizar Cameron mediante lo femenino.

 Rodrigo Campos:
Se trataría entonces de haber logrado la representación de una “trifuncionalidad en pleno”. El cine después del cine. Porque el simple hecho de que Pandora esté allí como re-curso -fílmico-, habla de todo lo que se puede hacer al respecto.
Si quisiéramos -por ejemplo- seguir un poco con el ojo puesto en la tercera función veríamos que no podemos limitarnos al papel que tal función adquiere en las vicisitudes éticas de Selfridge (y su horizontal golfito), ni tampoco en la configuración presente en Pandora con las tres funciones operando en pleno.
Porque resulta que –y este es nuestro problema- se trata de una película que desborda de un mundo moderno -que la hace posible mientras se sigue hundiendo-. Y si bien en este caso todo es ‘invento’ de Cameron, de modo que no podrán criticarle (como se escuchó en tiempos de Titanic) que Pandora no es 'en realidad' así y que -por ejemplo- los ‘verdaderos’ Leonópteros jamás se acercan un Ikran sin antes defecar delante de testigos -con anteojos 3D- o que las ‘verdaderas’ montañas Aleluya tienen esculpida la cara de Lutero y otros reformistas. Si bien esto es así, también es cierto que la crítica de la corrección política se preocupa por los cigarrillos de Grace o cacarea su crítica al ‘antropocentrismo’ –que no es otra cosa que odio a lo sagrado- como si la película fuera para que la vieran los Na’vi. 
Por otro lado, también es cierto que a primera vista, Cameron parece tirar toda la carne al asador de los avances tecnológicos. Sabemos que el sentido de tal operación es una conditio para que sea cine, desde su génesis. Pero toda vez que la autoconciencia da lugar a  la reflexión sobre el hacer, es la tercera función (pro-ducere; cf: ECC capítulo IX) la que nos muestra la imagen de esa reflexión. Así, ya desde el comienzo del film, hay un mecanismo –los anteojos 3D, (que nos dejarán los ojos como caramelos masticados por una criatura de Pandora)- dentro de otro –la proyección del film- mediante el cual se desplegará una historia de cómo un hombre maneja un avatar que a su vez manejará un ikran. Y podríamos continuar con que se trata de un gran flashback dentro de otro -que es el ‘videolog’- en el mejor estilo Apocalypse Now. Esta línea de conexiones es aplicable también al modo de producción del film (que muy pronto nos saturará con sus ‘makings’) 
Ahora bien, siguiendo uno de los hilos de la reflexión auto-consiente que Avatar nos propone, mencionaré entre los cientos de citas y homenajes a otras películas que se podrían rastrear en la obra –y de las que sería interesante hacer una tipología que diferencie ajustes de cuentas, menciones, auto-referencias y homenajes-, dos 'ajustes'.
Cierto cine futurista de los últimos años ha intentado –o no ha podido más que- conceptualizar el 'mal' como resultado de un ‘error humano’ en la programación de las ‘inteligencias artificiales’. Es como si ya no existiera la posibilidad de ver al mal como tentación, sino sólo como ‘error’ –que lo es, pero no se limita a eso. Y en cierta medida, podría ser visto como efecto de un reduccionismo aplicado a cierta parte del guión –y bastante mal leído porque desde ya que tampoco se limita a eso - de las dos Terminator de Cameron. En ese sentido, Jim estaría ajustando cuentas con las erróneas lecturas de su obra.
Así, la infinidad de citas iconográficas a ‘The Matrix’, saga a lo largo de la cual el mal va perdiendo entidad, comenzando con un -por lo menos y bastante logrado- traidor Cypher (en la primera) hasta llegar a un difuso y pseudo-clásico The Arquitect con el que se puede llegar a  acuerdos no del todo claros. Tales menciones ponen en un justo medio aquello que los creadores ‘juzgados’ habrían querido/debido decir. Allí están las armaduras-robots, las pantallas transparentes y demás mecanismos, pero también el “you’re not in Kansas anymore” –cita de Matrix que a su vez citaba a The Wizard of Oz- con el que Quatrich da la bienvenida a los nuevos soldados, así como su herida de guerra y su muerte, que nos remiten a la muerte de Mifune, el jefe de la resistencia en la tercera Matrix.
Por el lado diegético –y en el mismo sentido de ajuste de cuentas con un erróneo o (al menos) limitado concepto del mal-, está la cita a Eagle Eye de D.J. Caruso (ojo que a pesar de todo es el director –¿dirigido?- del primer capítulo de Dark Angel), que es de donde parece salir el tema de –corríjanme, voy muy poco al cine-  la necesidad del ‘genoma gemelo’. (Recordemos que en ese film, una computadora diseñada para manejar la defensa del gobierno yanqui decide tomar el poder mediante la eliminación de las personas adecuadas: el establishment político. Para poner en marcha el plan maestro, necesita al hermano gemelo de quien la controlaba –a la sazón, asesinado por ella debido a su falta de colaboración- ya que su código genético era el resguardo humano frente a los posibles ‘excesos’ de la máquina.)
Bien. Vemos que en su avatar Cameron sigue apostando a una representación del mal donde el error no es lo que aparece a primera vista. Se trata de una fuerza que se manifiesta frente al hombre en forma de tentación y cuyos efectos pueden ser redimido mediante la confesión de la culpa y un camino de padecimientos que lo eleve por encima de sus propios límites humanos. Es así como tres veces pide perdón Jake a Neytiri: primero por su torpeza -en la selva-, luego por su traición -en el templo, del cual profetiza su destrucción, ejem- y finalmente por la muerte de Eytucan –en el campo de batalla-. Es así como finalmente debe elevarse por encima de Toruk para ser su jinete.

Bueno, saludo a todos y me despido con una última cosa: me ha parecido entender que era retórica la pregunta de Gabriel en el coloquio.
Por mi lado planteo una que no lo es: ¿habrá alguno que se le anime al simbolismo de las seis extremidades de las criaturas de Pandora?

Gabriel:
Gracias Sebastián por la respuesta. No, Rodrigo, la pregunta no era retórica. La relación entre Avatar y Apocalipsis Now aparece a lo largo de toda la película y yo logré intuir algunas ideas, pero creo que Sebastián expresó muy bien una posible interpretación al uso de las Walkirias que yo no podía formular.
Evidentemente, y excepcionalmente desarrollado por Ángel en La Pasión Manda, el problema del vínculo de los hombres con las mujeres (además y más allá de Diosas, Vírgenes o Sacerdotisas) es central en el Concepto del Cine.
Y en ese sentido un recuadro de color que se lo debo a mi hija, Clara. ¿Se acordaban que el protagonista de Doble de Cuerpo se llama Jake Scully? Claro JC no podía ponerle a su héroe Jefferies –el paralítico más famoso de la historia del cine- pero por ahí, pienso, buscó a alguien que nos remedara al personaje de La Ventana Indiscreta. Después de todo ambos films son un ejemplo del problema con las mujeres, o mejor dicho, del problema de los hombres al “mirar” los arquetipos femeninos.

Leonardo:
Estaba leyendo -un poco tardíamente- las intervenciones. Y hay algo que me llamó la atención en la de Pablo Leone: la asimetría que hay entre las representaciones de lo paradisíaco y de lo infernal. La clave pasó por la mención de El abogado del Diablo y me permite -quizás de modo un poco lateral- proponer una hipótesis de por qué.
Hay una idea del mal que me parece que nunca es tomada verdaderamente en cuenta: la idea de que, en la medida en que Lucifer se vuelve Satán, va perdiendo los atributos paradisíacos y también la posibilidad -siquiera borrosa- de recuperar la visión de lo alto. Para decirlo con otras palabras: el problema del Diablo es que está atado al mundo por odio al hombre (por fascinación al hombre, de paso). No implica esto que el mundo se haga a imagen y semejanza del Mal, sino otra cosa un poco más sutil: que el Infierno no se ha construido con material trascendente sino con las mismas, pobres estructuras humanas. El drama de Lucifer es volverse humano, casi todopoderoso sólo entre la materia de los hombres. Uno lee El Paraíso Perdido y ya Milton lo intuye. De hecho, el propio libro de Job -y las primeras escenas del Fausto de Goethe, amén de la personalidad burlesca de Mefistófeles- parecen decirlo.
En criollo: es fácil representar lo demoníaco e infernal porque su materia es la de nuestra experiencia cotidiana. Basta exacerbarla un poco para que aparezca su forma diabólica. Pero es casi imposible para nosotros hallar una representación de la Gracia o lo Paradisíaco que no sea simbólica. De allí que al lector raso le sea más satisfactorio y vívido el pasaje dantesco por los Infiernos que por el Paraíso, porque de alguna manera puede representárselo a partir de los datos que le proveen sus propias percepciones.
Ahora bien, vuelvo a Avatar: es claro que Pandora vive en un estado casi paradisíaco. Por mi parte, no concuerdo del todo con la similitud con Perelandra porque en la novela de Lewis en aquel planeta no había ocurrido el Pecado Original; la existencia del mito del Toruk Macto, la idea de que hubo lucha y de que se requirió alguna vez una unión contra cierto mal implica que en algún momento del legendarium -o Historia, que en Pandora es lo mismo- hubo una Caída. Lo que me parece interesante es que o bien esa caída se restañó de un modo mucho más sólido de respeto por la alianza con la divinidad (releo el Pentateuco y es evidente que esa Alianza fue repetidamente quebrada y pocas veces respetada; la relación con Yahvé ha sido siempre compleja) o bien estaba en una “cura en suspenso” hasta el sacrificio final que restaura el equilibrio. Ese sacrificio final es en principio la caída del Árbol Casa -la destrucción del Primer Templo- y la Batalla Final. Aquí me detengo, porque es una lucha entre la fuerza paradisíaca -o que puede volver al estado paradisíaco- y la infernal. Que no requiere de elementos místicos o mitológicos porque vienen de la tierra donde triunfó el Diablo, es decir, donde lo humano ha perdido todo lazo con lo trascendente. El triunfo del Diablo implica el triunfo de la máquina, de lo demasiado humano, de la movilización total que carece de  Espíritu. Imagino a Satán en la Tierra “sin recursos”, revolviéndose en el llanto de la espuma noruega.
Por eso es que la solución para recuperar la dimensión espiritual y, si no la posibilidad paradisíaca, sí el camino hacia ella, es abandonar la Tierra. Imagino que Pandora es el destino final de Gary Sinise en Misión a Marte, por ejemplo. Y en otro mundo, en otro lugar, donde el Paraíso es posible, su representación es aceptable (y es evidente que el éxito de la película tiene que ver con que Cameron sabe hacer aceptable tal representación). Una representación que no excluye ni la Caridad ni la Piedad (ver el plano donde Neytiri tiene en su regazo al “verdadero” Jake Sully, cerca del final).

Ángel:
 Me parece que vamos avanzando de manera franca, aunque no sé si avanzar es el término que menor le cabe a un film como Avatar.
Si me permiten la nota personal, estoy escribiendo un libro sobre el doble y/ o más bien lo doble y las duplicidades. Y podríamos decir que también en esto Avatar lleva el mito y mitologema del doble hasta su última –al parecer- posibilidad representativa.
  En cuanto a algo que afirma Leonardo en su última intervención sobre la Perelandra de Lewis, quisiera subrayar que tanto Sebastián como yo no nos referimos a sus similitudes con Avatar en cuanto a la ausencia de pecado original que sucede en ese planeta (que luego nos enteramos que es Marte), sí a que en ambos -Perelandra y Pandora- no se ha producido la separación entre mito e historia.
  Igualmente, ya que estamos con Lewis, cabría argüir y repetir que es teológicamente posible que Dios esté creando galaxias en este mismo momento y que por ejemplo en tal o cual planeta no se haya producido aún el pecado original. Pero cabe también que en uno de esos se haya producido de modo sui generis, tal como parece suceder en Pandora o en lo que los terrestres llaman Pandora. Se ha producido un primer corte, una radical secesión, “jorismós” para usar el término platónico-aristotélico, pero no se ha dado todavía el segundo paso, digamos los na’vi no han caído todavía en la historia.
  Sobre la representación del mal sobre la hablaban Pablo y Leonardo cabe consignar lo que dijera Fernando -aunque no aquí en el coloquio- que el demonio ya posee de dos siglos a esta parte la mente de los hombres –no de todos, claro-, y por ello es que ahora trabaja directamente sobre sus corazones.
  Bien ese “jorismós” ese vacío o hasta abismo y gran divorcio –para seguir con Lewis- es el que el concepto del cine trata de reunir, o si queremos de achicar y suturar.
  Digamos que en esto como en tantas cosas Avatar es la lógica conclusión de una parábola iniciada con Intolerancia. Pero no es ninguna sorpresa, salto o Dios sabrá qué, como vemos que ya ciertas criaturas bienintencionadas pero recién llegadas al cine intentan calificar. Avatar es la lógica conclusión de la parábola iniciada con Griffith y seguida por tantos autores desde entonces. Se trata ahora para nosotros de explicitarla y –sobre todo- de habitar en ella.

Juan Esteban Lagorio:
Es muy importante notar que en Avatar, Cameron trabaja con un material básico, casi elemental por momentos, con una economía de diálogos y términos que utiliza de acuerdo al punto de vista de la puesta en escena. Así los pocos términos y frases que utilizan los personajes son intercambiables. Expresiones como “despertar” (wake up), “mirar”, “pesadilla”, “sueño”, “sonámbulo” y las múltiples alusiones a lo paterno y materno (baby, mother, big papa), se alternan a cada lado de los mundos opuestos, y es la puesta en escena, la que determina el sentido que Cameron quiere darle a cada expresión. Ese material básico, que busca la reintroducción del clisé (pensemos en las órdenes y sentencias del coronel Quaritch que parecen tomadas de un manual de “frases hechas”), funciona en varios niveles. El primero es hacer la película como una síntesis de guiones de películas de acción. Además de evitar recurrir a coartadas de tipo cultural o de fuentes externas al cine, nos recuerda que el cine es intuitivo, hermenéutico, que aprendemos a medida que miramos, escuchamos y relacionamos. Más aún, el héroe y los demás personajes también están constantemente siendo víctimas de ese proceso de transformación del clisé. La segunda, es que hoy en día todo es materia opinable, y Avatar no será la excepción. Entonces se debe reducir al mínimo el material narrativo en todo lo que dé lugar a la banalización del conocimiento que se desea transmitir. Si para Cameron el cine debe bastarnos para entender lo que sucede, casi sin siquiera tener que recurrir a la biblioteca, a la televisión o a la universidad, es porque quiere hacernos partícipes de una manera de saber  que es parte de lo que nos está contando. Luego, si pensamos correctamente, nos damos cuenta que, mediante simetrías, Cameron opone esas maneras constantemente. Por ejemplo cuando Jake es seleccionado para llevar a cabo el experimento por la muerte de su hermano, Norm se opone porque no ha recibido la necesaria “instrucción”. Veremos luego que la “instrucción” será suplantada por la “iniciación”. Nos preguntamos, entonces, si para el mundo actual una “iniciación” no es otra cosa que un clisé jugado por adolescentes muchachotes en alguna universidad parodiando lo que desconocen pero manteniendo su fascinación por aquello “secreto” que ellos y el mundo llamarán “indecente”.
    Por cierto el opositor inicial del héroe es “Norm”, es decir lo normal, lo decente y según las reglas. Cameron ya había utilizado este nombre en “Dark Angel”, allí el opositor (con poster liberal en su habitación y todo) de Max era “Normal”, su jefe en el centro de comunicaciones (nada menos). Volviendo al tema de la necesidad que se plantea del  conocimiento intuitivo, creemos que nunca un artista con la conciencia de esa necesidad estuvo tan inmerso en una época tan antitradicional como lo está Cameron. De allí que se tome tanto metraje para mostrarnos tanto la necesidad de iniciación como la iniciación misma. Y no sólo eso, sino también la idea de su inmersión en un mundo posible. Esta idea desde el punto de vista topográfico no podría ser descripta con otro elemento que no sea el científico. En este caso el 3D, los efectos y la tecnología informática. Todo eso pero usado como un instrumento de creación para otros fines. Irónicamente pensemos en los hologramas de laboratorio que se muestran en el film y que no pueden mostrar el interior de ese mundo. En el caso de Cameron estamos en la privación absoluta, en la pura materialidad. Entonces crear un mundo a través del arte para hacer público un secreto, constituye el recurso mítico con que cuenta en estos tiempos. Si estamos en un mundo ya no solamente post-cristiano, donde la Gracia se ha convertido en una “leyenda”, en una época asimbólica, frente a otro pre-cristiano donde no existe un mundo laico, el cine nos permite realizar ese trance para hacernos creer que podemos “curarnos en salud” de esa locura. Para los Na’vi, los humanos están enfermos, locos (“insanity” dice Moat), sonámbulos privados de la conciencia de lo que sucede. Como decía Maquiavelo, el que cree en la trascendencia es el que vence, porque no se vive a sí mismo como un instrumento, no se piensa como la cosa en sí. Al final de la iniciación de Jakesully, todos se unen tocándose con las manos y el cuerpo formando un entramado físico y espiritual, la cámara se aleja tomando a la comunidad unida que forma una suerte de ojo del cual Jake es el centro. Es decir el “I see you” ritualizado. La escena termina en un fundido encadenado en una vista espacial de Pandora donde se ve en su superficie otro “ojo” a escala planetaria. Entonces lo metafísico comparte la realidad de lo físico. “This is real” dirá Grace, a punto de entrar en el “ojo de Eywah”. Cameron, desde The Terminator, nos hace pensar simétricamente. Pensemos en las escenas de la arenga de Jakesully frente a los Na’vi, y a la de Quaritch con sus hombres, convertida prácticamente en una actividad de Recursos Humanos corporativa. Por cierto, poco intuitiva para los pobres marines. Del otro lado, del lado de Eywah, parece funcionar el tradicional “Ayúdate que te ayudaré”. Y esto es así porque de aquel lado el pensamiento tiende a la totalidad, a completar el símbolo que, del otro lado, en la asimbolia absoluta se sigue fragmentando. Por eso Jake es el héroe que busca completarse (sus piernas, Neittiry, la iniciación, su lugar en el mundo, etc.) “En el mundo de donde vengo no hay verde” dice Jakesully, en otra frase cliché que se nos propone investigar.  Esto quiere decir también que no existe ya (pero existió) la noción del símbolo, no hay árboles, no hay axis mundi, o, mejor dicho, sólo vemos el clisé, el efecto especial, y no lo trascendemos.
    Y una cosa más: Cameron también completa ese saber tradicional con una interesante advertencia. Sobre todo para ciertos católicos de utilería que han salido con tapones de punta. Todo queda, aún, por hacerse. Si nos quedamos lamentándonos petrificados, vinculándonos a un entumecido quietismo, mirando el cráneo de Toruk, sin saber que, arriba, la tradición sigue volando y hay que acompañarla, y también hacerse señor de ella, estaremos perdidos frente al enemigo. Jakesully es el sexto jinete, el sexto “toruk macto”. Lo primero que hace es alertar sobre el quietismo que parece haberse establecido sobre los Na’vi luego de la destrucción del árbol-casa. ¿No les parece?

Martín Basterretche:
Voy a intentar resaltar un aspecto un poco más lateral a la exégesis propiamente dicha del film en cuestión. O no, o quizá sea igual de central para su comprensión. Un aspecto más exotérico, pero perfectamente complementario a lo que se viene conversando en este coloquio.  Es que reflexiono mucho en esa mayoría que no teme mencionar que queda deslumbrada frente al espectáculo imponente y excepcional de la proyección de una nueva película de Cameron, pero que a veces desearía tener más armas discursivas para defender su propia experiencia inolvidable e intrasmisible frente a los necios que se siguen esforzando en no diferenciar Avatar de cualquier otra tontería multimillonaria al uso. No hace falta ser un especialista para darse cuenta de que Avatar es grandiosa pero no es grandilocuente como todas esas otras.
Los cineastas de Estados Unidos por lo general no se llaman a sí mismos cineasta ni autor, casi que ni se llaman director. Ellos son filmakers, hacedores de films, “filmadores”. Si Cameron, que es miles de veces más que un mero filmador, se llamara a sí mismo artista sencillamente jamás hubiera filmado ni un metro de película. (Inclusive la industria está dando hoy en día su natural paso siguiente hacia el abismo: volver al director al lugar que ocupaba en la década de 1910 y del que no debió haber salido: ser un técnico más. Jerarquizado, pero sólo un técnico más)
De pibe yo me complacía en imaginar a veinte jóvenes pintores (de mi misma edad) en el taller de un Fray Filippo Lippi, concentradísimos, esforzados, practicando la tediosa tarea de pintar pelo humano. De esos veinte sólo uno iba a ser Botticelli. Aún no habían reconocido el genio, sólo habían identificado al que mejor pintaba pelo. Pero Botticelli (posiblemente de un modo doloroso) sí lo entendía. En el arte siempre el que mejor domina la técnica es el que alcanzará la obra más pura y completa. Todos vemos el mejor pelo. Todos vemos la película más imponente. Es justamente esa imponencia —al menos en el caso de Avatar— el reaseguro de que si escarbamos la superficie vamos a encontrar un tipo de tesoro que volverá imponente también la experiencia espiritual de ya no contemplar sino participar de la Verdad de la obra. Es una especie de acto de fé, que nace en cierta pequeña promesa o seguridad que otorga la primera visión la obra.
Recuerdo haber tenido la misma sensación cuando vi Apocalypse Now Redux en una sala de buen tamaño y copia nueva. Quedé shockeado. Lo primero que atiné a pensar fue: si esto es cine, lo demás no es nada.
Todo en el cine es forma. No hay diferencia entre forma y contenido. ¡Y no es un lenguaje!
Aunque a regañadientes, se admite (el resto de Hollywood, la crítica y casi todo el público) que Cameron es actualmente el mejor de los filmakers americanos. Yo suscribo a eso. Nadie (¿a excepción quizá de De Palma y Friedkin?) tiene la capacidad cinematográfica, fílmica, cinemática, kinética o como se llame, que tiene él. La imaginación, la complejidad pictórica, el sentido del tempo interno, la justa administración de lo que vemos y lo que no vemos, la construcción del punto de vista, el control del ritmo, en suma: el cine en su aspecto exotérico, aquello por lo que un ebrio Jerry Lewis lamía las uniones entre plano y plano con el fin de  “darle más vida a la secuencia”, todo eso está reunido en la persona del —nosotros sí lo decimos— artista James Cameron. Nosotros necesitamos palabras para comprender y transmitir la perfecta arquitectura de sus símbolos. Él sólo hace una película. Y, como con Botticelli, otra vez, no hay casualidad en la unión de ambos aspectos de la creación artística. Cameron fue dotado de un genio compositivo de la escala del de Bach. Y también con un  orden intelectual y espiritual de esa misma escala.
A esto habría que sumarle, a su vez, otros dos temas de no menor importancia y aparentemente contradictorios para la cabal comprensión de este artista: el uso de la tecnología y la relación con el poder financiero. Lo haremos en otro momento.
Insisto sobre mi punto: la imponente experiencia individual de ver esa película en una sala nos da la seguridad de que se trata de una obra mayúscula en todos sus niveles de comprensión.
(Ya que mencionamos a Friedkin, y a propósito de este tema, recuerdo haber leído a algún crítico de planta permanente a propósito del estreno de “Rules of Engagement”. Manifestaba estar en completo desacuerdo  con la idea de la película y además la consideraba superficial y simplista en su tratamiento, pero confesaba su profunda admiración por la excelencia con que estaba filmaba la cinta. Luego le dio una muy alta calificación. ¡Por Dios, ¿siguen sin entender que una cosa es indisoluble a la otra?!)

Víctor Villemagne:

El coloquio va agregando (mejor, desvelando) las múltiples capas o niveles en los cuales discurre la narración. Se podría titular el coloquio, para marcar su paralelismo con el film: “Apuntes sobre una iniciación”. Poco es lo que puedo agregar. En el coloquio Sebastián dice que la división o trifuncionalidad se da entre las funciones de soberanía (que después hay que desdoblar en rey y sacerdote), fuerza (guerrero) y producción  pero creo que habría que diferenciar entre las funciones míticas (que son tres: rey, sacerdote, guerrero) y la división de las sociedades tradicionales (que, en orden decreciente de importancia, son cuatro: contemplación-sacerdote; acción-rey-guerrero, producción-artesano –y el de Cameron en un arte sanísimo- y comercio) como sobrevive aún en ciertas regiones de la India con sus Brahmins, Kshatriyas, Shudras y Vaishyas.
  Ahora en el film hay una asimetría en la simétrica confrontación de las dos especies. Y acaso se deba a que enfrenta una sociedad tradicional con sus tres funciones míticas, a una sociedad ya degenerada donde las cuatro funciones están  francamente invertidas. Lo diestro se opone a lo siniestro. De ahí tenemos la sociedad tradicional de los Na’vi donde está el rey, la sacerdotisa y los guerreros y, simétrica e invertidamente, el rol dominante de la casta inferior, el mercader, en la sociedad de los humanos al cual están subordinados los guerreros, los ‘científicos’, y los mineros esclavos/asalariados)
  La composición de la sociedad humana moderna es siempre la misma en todo Cameron (p. e. las respectivas compañías y sus aláteres en “Aliens” o “Terminator 2”)
Con respecto al invite de Rodrigo, las extremidades de las criaturas de Pandora no son seis (seis son las patas) en realidad son ocho (patas, cabeza y cola) y con respecto al ocho dice Guénon: “La Formación desemboca en lo que puede denominarse la realización material, que marca para nosotros el límite de la manifestación del Ser, y que estará entonces caracterizada por el número ocho. Este corresponde al Mundo terrestre, comprendido en el interior de las siete esferas planetarias, y que debe ser considerado aquí como simbolizando el conjunto del Mundo material en su totalidad; quede bien entendido además que cada Mundo no es en absoluto un lugar, sino un estado o una modalidad del ser. El número ocho corresponde también a una idea de equilibrio, porque la realización material es, como acabamos de decir, una limitación, de algún modo un punto de parada en la distinción que nosotros creamos en las cosas, distinción cuyo grado mide lo que se designa simbólicamente como la profundidad de la caída; ya hemos dicho que la caída no es sino un modo de expresar esta distinción misma, que crea la existencia individual separándonos de la Unidad principal. 
  Y la primera caída de Jake, que además lo sumerge en las aguas, es a consecuencia de su encuentro con una de las criaturas de Pandora. Simétricamente, vuelve a caer sobre el gran leonóptero para cumplir con su destino. Siguiendo con el tema de la iniciación y su asociación con el número ocho tenemos que el octógono es el que permite el paso entre lo terrestre y lo celeste. Es lo que conecta el cielo y la tierra, es la transición, ductus que, al igual que el árbol, permite ser 'montado' para ‘ascender’ y poder así cumplir la función sagrada.
El film es de una simetría impecable, especular (la cara de Sully reflejada en el cristal de la 'incubadora' de su avatar justo a la altura del corazón) y especulativa (el ajuste de cuentas es a tantos niveles, político, económico, moral y teológico)
Ya que estamos con etimologías, Sully en inglés es el verbo de macular, manchar, arruinar, que es tanto su deficiencia (no puede caminar) como su marca (no es un verdadero Na’vi), pero es una mancha que si se quiere desaparece/expía en su re-nacimiento luego de su iniciación. Film riquísimo.

Gabriel Charrúa:

    “Estaba dispuesto a pasar todas las pruebas que tuviera que pasar” (Jake Sully al arribar a Pandora)
  Cine. Física y metafísica. Copias y originales. ¿Somos la representación de algún arquetipo Ideal? ¿Puede morir un Avatar? ¿Tiene sueños propios, o es él tan sólo el sueño de alguien?  ¿Cuál es su autonomía?
Jake Sully nace como Avatar en un cuerpo adulto (pero se comporta como un niño que recién aprende a caminar) simétricamente con la muerte de su otra copia, el hermano. Simetría que aparece en las imágenes que nos muestran al ataúd con el cuerpo del muerto entrando al nicho y la “cama” de conexión entrando al dispositivo correspondiente para su primer viaje a Pandora.
  Para los Na’vi se nace dos veces, nos explica en off Jake. En la segunda oportunidad se encuentra el lugar en la comunidad. ¿Cuántas veces nace Jake?
Arrojado en la luna Pandora, comienza a caminar y debe enfrentar a las fieras (¿Qué hago? ¿Corro o no corro?) Despojado de su mochila (no faltará algún “verosimilista” que cuestione la posesión de fósforos que enciendan luego de la sumersión en el agua) atraviesa diferentes ritos y pasajes de iniciación que lo convertirán en un Na’vi adulto, un “Hombre” (tiene que aprender a conectarse, domar al caballo, hablar la lengua Na’vi, caer, cazar, matar con compasión, a elegir al Ikram y volar con él…).
  Como resume Neytiri: tiene que aprender a ver con otros ojos. “La gente que viene del cielo no aprende, no ve” –“Enseñame a ver” le responde Jake antes de comprender el lazo, la conexión, el camino que está emprendiendo al cruzar los puentes trazados por las ramas de ese gran árbol y subiendo a través de él -como ya se dijo, excelente ejemplo de ejes verticales y horizontales- para convertirse finalmente en un guerrero del aire, en un cazador que pueda elegir a una “Mujer”. ¿Quién elige a quién?
Como señaló aquí Víctor, Jake cae. Inevitablemente la primera vez perseguido por la bestia, para después ¿padecer? dos grandes caídas voluntarias, dirigidas. La primera enseñada por Neytiri, que le permitirá convertirse en guerrero y domar a Toruk y finalmente –en la batalla final- saltar alternativamente entre el leonóptero y la nave para por último caer por las hojas, como demuestra haber aprendido. Cae para escapar, para ser iniciado y para salvar a las tribus y nacer como Na’vi. Cae tres veces. ¿Ícono, índice y símbolo?
La expulsión del paraíso. La caída. El pecado original. El nacimiento y la muerte. La iniciación. El eterno retorno. 
  ¿Puede morir un Avatar? ¿Tiene sueños propios, o es él tan sólo el sueño de alguien?  ¿Cuál es su autonomía?
  Física y metafísica. Copias y originales. Cine: “Todo está al revés ahora. Lo de allí es real y lo de aquí un sueño”.
 

Juan Esteban Lagorio:

Siguiendo con las reflexiones acerca del cine de acción, y de Avatar como su síntesis y exégesis, decíamos que el film de Cameron no es solamente un film sobre la iniciación sino, también, sobre sus fundamentos. A lo largo de la historia del cine, el tema del héroe ha sido un eje polémico. Hollywood ha sido criticado por casi cualquier cosa, pero también por sus héroes. Y sin embargo, aún hasta nuestros días, aún en las peores películas de acción que siguen llegándonos, el tema del héroe continúa. Y aún en esos mediocres y poco interesantes relatos, hace falta legitimar al héroe, el espectador y el relato siguen necesitando, aunque los mismos no lo puedan afirmar, de un modelo, de un gesto ejemplar, de un exceso, de un quiebre, sea de un momento histórico o de una ecuación mental. Necesitan de alguien a quien adosarle alguna característica, ya no sobrenatural, pero por lo menos un resto legendario, un residuo mítico que deseamos reconocer y custodiar en su valoración, pues lo juzgamos supérstite de cualidades extrañadas, aunque apenas cercanas a la intelección. Y así esos héroes mantienen algún hecho pasado que los hace diferentes: haber sobrevivido a alguna batalla, haber escapado de alguna terrible prisión, haber liberado a una comunidad, etc., hechos, y a veces meras sospechas, que son necesarios seguir manteniendo para nuestro interés, pues ciertos aspectos del pensamiento mítico son constitutivos del ser humano. Y se necesita esa condición para legitimar la acción. Y quizás por todo esto la modernidad niegue al héroe, al motor de la épica, y critique tanto al héroe clásico como al improvisado de alguna producción reciente. Quizás por esto haya inventado algo tan estúpido y vacío como el “anti-héroe”. Porque la modernidad encontró con el liberalismo, la expresión total de una religiosidad invertida, y procedió a eliminar aquello que extremara la necesidad de lo sobrehumano. Lo primero fue eliminar la iniciación, degradarla y banalizarla.
    De allí que el cine se encargó de volver al héroe y a la iniciación al terreno original. De volver a otorgarle conocimiento al héroe. De darle sabiduría, que viene de sabor y de la fruta que Jake prueba en el comienzo del viaje hacia la iniciación. Jake va comprendiendo  las diferencias en términos de conocimiento. Si las raíces son distintas, los  frutos producidos también lo serán. El mundo humano, en un estado terminal, no puede asegurar la transmisión de un legado espiritual, sólo puede reproducir ad nauseam, aquello que ha creado en mera técnica, reconstruirlo desde cero, siempre y cuando se pueda partir de una experiencia sensible. La experiencia sensible y su experimentación metódica se acumulan progresivamente, pero dada su relatividad y su falta de un origen fijo, no puede reconstituir la integridad de aquello que en su despliegue se va perdiendo. Por ello suele refugiarse en el cinismo.
   En Avatar, la iniciación cura al héroe del cinismo que él creía una protección contra su propio mundo. Del otro lado, el mundo trascendente de los Na’vi, un mundo pre-cristiano, primitivo en el sentido que está privado de la Revelación, donde no existe, ni sería aceptado, nada laico, le da la prueba suficiente de que la iniciación sólo puede darse donde no hay separación entre materia y espíritu, entre ciencia y arte. Al curarse de aquel cinismo, por la vía trascendente, -Cameron pone al cristianismo fuera de campo-, deja en claro que ese mundo terminal que quiere dejar atrás, no tiene con qué oponerse a lo que pretende dominar. A su vez, Jake debe ser el héroe porque él ya ha caído.  Y como diría San Chesterton, el hombre caído es el hombre superior. Esto nos lleva a otra cosa. Si el arte existe porque hemos caído, y porque hemos caído nos es más sencillo describir infiernos y purgatorios, ¿no es Avatar el más logrado intento de describir una antiutopía con salida trascendente, confrontando la idea de un Paraíso negado contra la caducidad de un mundo humanamente infernal?
   Desde Dante, estamos intentando describir paraísos creíbles, descripción de un lugar que no puede ser concebido. Dante aún vivía en una sociedad tradicional, donde se podía concebir metafóricamente el camino a través de la privación, para llegar a su conclusión. El no mostrar un paraíso era parte de su concepción, de su privación, parte de algo que no puede estar en este mundo. Para llegar a eso transmundano se recurría a la omisión, o al recurso mítico. Pero había un riesgo, el intento de llegar, mediante ideas preconcebidas, al mismo terreno, provocaba, una y otra vez, la evidencia de lo alegórico. Luego de tantas pérdidas de rumbo, Avatar propone una reconciliación con el mundo de los símbolos, con su eficacia unitiva y su re-cognoscibilidad. A diferencia de otros Caligaris perpetuos, Cameron no ha caído en la iconolatría expositiva. Las imágenes construidas a lo largo del film no pecan de su absolutización, son, por el contrario, absolutamente serviles y no declinan su funcionalidad por alguna otra satisfacción.
   Ni siquiera el efecto 3D deja de ser una mediación para fines superiores. Si se trata de aproximarnos a ver de otra manera, de alertarnos que el mundo de Pandora requiere de otra “profundidad” que debemos investigar, entonces, bienvenido el artificio. Si las flores de Eywah deben sobresalir del bosque para volcar nuestra aprehensión en otra dirección, el recurso es válido. Cameron plantea que el conocimiento científico en la modernidad no puede suplir el acercamiento integral a través de los sentidos y su operatividad. Podremos entender los colores de la selva de Pandora, estudiando la pixelación cuadro por cuadro en un gráfico, reducirlo a fórmulas, extrapolarlo y expresarlo en ecuaciones que darán como resultado un fotograma de Avatar. Es más, podremos crearlo de esa manera para hacer un film. Pero sin la visión real, completa, de ese fotograma tendremos sólo el conocimiento de un ciego de nacimiento.  Esta es la diferencia que Cameron establece entre ambos mundos, la mediación de sus elementos para el conocimiento, es la razón por la que el héroe tiene un sentido, que lo debe buscar, que no se acota en la experiencia, en el razonamiento, en lo empírico. Ni siquiera en lo temporal y espacial solamente, sino que mediante los sentidos, la intelección, la intuición, sobreviene intemporal, y los colores de Pandora se pueden conocer en toda su real magnitud, en la medida que los vemos proyectados, en 3D o como fuere. Pues como diría el Capitán Nemo antes de sumergirse en las profundidades: “¡Es tan superficial el mundo real!”

 

 

 

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