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Algunas precisiones 3

Francamente no creímos tener que dar esta precisión. Lo hacemos aquí tan solo porque algunos lectores y hasta discípulos lo preguntan con toda buena intención. Así que adelante.

Se trata del empleo por –precisamente– nosotros, del plural mayestático. Es un gesto más que de modestia, de anonimato, para eliminar ese yoísmo e individualismo torpe y elemental de la atmósfera mental y pedagógica instalada por el liberalismo y sus consecuencias retóricas.

Este uso del “nosotros” y formas que devienen del mismo –como sus flexiones verbales– remarca que no estamos diciendo nada personal o particular sino que muy simplemente transmitimos datos, cifras tradicionales traídos desde un in illo tempore. Y por eso mismo no son novedades ni gestos de rabietas infantiles –“transgresoras” como se dice estúpidamente ahora–, arrebatos de furia consentidos y hasta fomentados por el mismo sistema de la movilización total que así engendra falanges de diferencias tecnificadas, las cuales fagocitan, mediante tamaña irradiación perversa –y desde hace ya por lo menos dos generaciones–, los conatos e intuiciones polémicas de los adolescentes y jóvenes que así malbaratan y desgastan tempranamente toda su energía y prâna en plena ebullición.

Esto puede notarse de manera casi teratológica sobre todo en relación con la mujer y lo femenino. Contra ella apuntan y disparan sin pausa las baterías extremas de esta etapa de la movilización total. Deber recordarse siempre que el enemigo nos entiende antes. Por eso debemos practicar a diario esta paradójica didáctica de no quedarnos muy cortos en ese entendimiento y comprensión de las cosas que nos ofrece nuestro opuesto absoluto.

Así vemos que la mujer y lo femenino son hoy objeto de escarnio y rebajamiento serial a destajo, precisamente porque se la teme y se la sabe como la última valla opuesta a la solidificación total de esta parte del mundo y al parecer del mundo todo. Para su triunfo total -aunque no definitivo, porque esto no puede ser por el mismo orden de las cosas-, esta planetización de la vulgaridad más crasa y de la bastardización más extrema necesita, requiere de la anulación de la mujer y lo femenino mediante el expediente de sumarlos sin más al demente tren en marcha de la extrema sobremodernidad.

También allí -téngase en cuenta- el plural mayestático, el decir “nosotros” cumple una función retórico-expresiva fundamental. Puesto que suma -anulando el dichoso e inútil yo liberal- a todo el género humano que es -desde luego- el único que cuenta para esta operatoria.

Lo anterior se conecta con otra aparente incertidumbre con respecto a otro modo de expresión retórica por nuestra parte, aunque esto dicho en sentido más lato. Como esto también ha desvelado o preocupado a algunos que nos elogian, merece entonces -y doblemente- ser aclarado aquí.

La “seguridad” con la que vertimos cada una de nuestras ideas. No se trata de seguridad o no. Se trata de que no son ideas mías -¿ven?-, y por ello es que empleamos el plural mayestático, así como el tono y/o el estilo de las ideas. Porque son conceptos tradicionales, venidos desde la noche de los tiempos. Siendo así, sería verdaderamente desgraciado que empleáramos el “yo” -salvo cuando nos es imprescindible- para expresar supuestos descubrimientos, novedades o Dios sabrá qué.

Desde luego que por razones contingentes, la actualización de estos datos tradicionales corre por nuestra cuenta, como corre expresivamente desde, digamos, Pitágoras hasta Alfred Hitchcock. Ya se trate de teoremas o de films todos estos son modos de actualizaciones o construcciones operativas. Por el contrario, el yo y lo yoico expresivos, o puestos en acto, no son otra cosa que especulaciones. Habladurías. Nosotros decimos. Y no “se dice”.

© Ángel Faretta
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Teoria del cine
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