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Algunas precisiones 2

En mi teoría estética referida al cine tenemos conceptos como "la persistencia motriz" o la misma "tríada ejemplar", que si bien y según método pertenecen al reservorio tradicional son por cierto reconfiguraciones contemporáneas de términos y modos tradicionales que nada tienen que ver para su comprensión -a menos a priori- con todo tipo de fideísmo religioso. Digamos que como punto de partida o como entendimiento fenomenológico el comprender, el verificar sin más que existe una tríada en el cine donde un mismo elemento o soporte pasa por las instancias de índice, icono y símbolo, o que existe una evidente relación entre lo representado y lo sentido físicamente por espectador, el famoso "algo en el estómago", son cosas verificables desde la empírico. Aunque desde luego es nuestra declarada intención que -por lo menos- se los relacione con elementos tradicionales y metafísicos. Así que se trata de contar no de rezar...
Porque metafísico -una vez más- no quiere decir algo difuso, laxo, vago, limbal sino que -al menos en su operatividad concreta- es algo absolutamente formal, o mejor dicho que informa a la materia inerte como hace precisamente el ADN con la materia viviente.

Pero el problema es que muchos de los supuestos no religiosos o directamente antireligiosos tienen un marco mental atrasado, decimonónico o hasta dieciochesco. Conciben lo material en sentido meramente autosuficiente y desde luego no imaginan cómo esto puede operar ni menos actuar. Encima a eso suman una suerte de galimatías seudo arcano donde lo más crasamente materialista es intentado volver no solo ciencia -cosa imposible- sino que al mediar esa imposibilidad de que algo como la lectura de un texto se vuelva "científico", es decir materialista a la manera nada menos de dos siglos atrás, lo intentan volver hermético pero logran tan solo la oscuridad...
Ante ese fracaso "científico" se entregan a frangollar una mixtura entre supuestos materialistas con métodos de intelección seudo arcana. Lógicamente el desastre no puede ser mayor. Puesto que el modo de producción y de significación de una obra estética, sobre todo de las de tipo narrativo-representativo como el cine o el relato literario, arrastran tan siquiera valores de expresión mediante las simples palabras o las imágenes de significaciones que no dependen de la voluntad de quien así las convoca.
Obviamente en el cine esto es todavía más complejo. Puesto que se trata de imágenes en movimiento que dramatizan a su vez una serie de cosas -lo que llamo "mimesis completa"- puesto que actúa como totalidad y en presencia. Mientras que en literatura las palabras, frases, estructuras sintácticas en general hacen siempre más alusión que representación. Y donde la mimesis es aludida más que representada.

Pero como sea. En ambos campos el peso de cosas que son otras, más allá de su producción o de su uso seriado e industrial, es siempre tan patente que su reducción imposible a meras cosas materiales resulta imposible. Allí llega la prótesis del galimatías seudo arcano para explicar obviedades. Y como muchas veces el que rastrea sintagmas, fonemas y series narrativas basadas casi en ecuaciones se da de bruces con algo más, entonces aparece allí su enojo o su furia porque ve que los años y el tiempo de lectura o de interpretación invertidos se dan con una zona porosa, un ancho mar abierto en el cual -claro está- no puede navegar porque previamente le han quitado remos, bote y hasta el sentido completo de la navegación.

Esto es que se dan de bruces con lo tradicional, id est metafísico. Que al ser tachado coercitivamente por esta educación materialista, que se cree avanzada y es totalmente retrógrada porque maneja un concepto de hombre en dos siglos atrasada, reaparece luego en forma casi monstruosa porque se muestra como lo que alguna vez fue de todos, propio -y hasta la memoria genética lo proclama-, pero que al no poder reconocérselo o tan solo reconóceselo en parte provoca miedo, terror, pavor. Ahí aparece la droga y la carnivalización semanal en tugurios ruidosos y ruinosos donde oyen cosas verdaderamente siniestras hasta en grado acústico.

Ante la movilización total exhibida sin cortapisas y anunciada ya por grandes autores, algunos de los cuales oscilaron entre el martirio y el chamanismo como Simone Weil, Pasolini, Mishima y Fassbinder entre varios otros, ante eso ¿qué puede sostener algo como la "narratología" o la "gramatología"? Miserables intentos -al decir de Heiddeger- de mendigar términos a la técnica. Claro que como ésta no puede ni debe pensar -para seguir con este autor- el camino de burro, el cul-de-sac, la cabeza contra la pared, aparece allí sin más.
Demos un ejemplo. Pueden contarse las veces que aparece un signo, un plano, una vocal, un fonema o toda una metáfora en un relato fílmico o literario. Pero una vez efectuado ese escrutinio se debe saber o intentar saber qué significa. Para qué y por qué ha sido puesto –operado- allí de tal y cual modo y no de tal y cual otro.

Hagamos ahora algunas precisiones continuando parte de lo dicho anteriormente. El arcano, el misterio, lo iniciático o metafísico no se alcanza vía la técnica o mendigando términos a la técnica, ni a la biología o a la física para luego transplantarlos a un texto literario o a una representación fílmica. Pero todavía es menos posible que lo auténticamente iniciático pueda ser auto inventado o hallarse por sí mismo.

Intervienen aquí algunos interlocutores, amigos y discípulos.

-Perdón por la interrupción, pero mencionaba antes su concepto contrario a la llamada "cultura popular" a la que usted llama y estudia como "cultura tradicional en diáspora desde el otoño de la edad media". Es decir una cultura siempre dirigida por una élite aunque ésta se disfrace o degrade intencionalmente sus representaciones y configuraciones...

- ...reconfiguraciones. A estas adaptaciones prefiero llamarlas reconfiguraciones. Desde luego según tiempo y lugar...

-...perfectamente. Nos gustaría entonces, más aún nos parece imprescindible preguntarle por la obra del ruso Bajtin.

-Bien, eso ya está respondido en el ensayo que ahora figura en "Principio de simetría" titulado "El carnaval del mundo". Allí tenemos una larga cita de René Guénon a quien omití nombrar en su momento, cuando se publicó en aquella revista llamada Fierro. Lo hice de modo totalmente conciente. Porque ya una buena cantidad de lectores de entonces tenía bastantes problemas para roer apenas la superficie de lo que publicaba allí, y entonces sumar este nombre podría haber sido el acabose. Ahora, y tras algunos libros publicados, tanto de ensayos como de relatos, ya no podía postergarse más.
Tanto en su publicación original como luego, cuando editaba la recopilación, había en ese mismo ensayo una nota al pie bastante dura con Bajtin. Pero que aquí también volví a eliminar. Al fin y al cabo Bajtin me cae simpático. Alguien que ha sobrevivido a Stalin y que usó el manuscrito de uno de sus libros como papel para armar sus cigarrillos en el Gulag, me cae simpático. Claro que se refieren ustedes al libro sobre Rabelais, ¿no?

-Sí

-Porque todo lo demás es de lo peor heredado del funcionalismo ruso vuelto ya fórmula materialista oficial. El libro de Rabelais es desde luego limitado. Eso de "cultura popular" en oposición a una "oficial" es un dislate y sobre todo porque fue la misma Iglesia la que desde siglos venía permitiendo esos elementos degradados concientemente y dirigidos para canalizar ciertas influencias errantes siempre al acecho. Hoy esto no solo falta, sino que como nuestra época es un carnaval perpetuo las cosas se han puesto literalmente al revés. De allí esa desesperación del joven o de quien ingresa a ese ciclo vital desde medio siglo a esta parte. Esto –es más que seguro- tenderá a incrementarse.

Ahora bien. Este libro que es -según creo- el que Bajtin se fumó en el Gulag contiene sesgada, oblicuamente, ciertas cosas interesantes. Está escrito de apuro y muy sucintamente tal vez debido a la pérdida del manuscrito original reconstruido de coeur, pero como digo tiene algún interés.
La pregunta es ¿sabía Bajtin de Guénon y no lo usó porque hubiera logrado otro alojamiento en el Gulag o algo peor y entonces decidió emplear como cautela el término falso de "cultura popular" dicho de manera tan machacona que uno imagina que puede tratarse también aquí de una nueva instancia de lo que Leo Strauss ha llamado "Persecución y arte de escribir"?
Claro que sea como fuere en su libro sobre Rabelais se la pasa tan solo repitiendo y esgrimiendo términos como burlas, chistes, parodias, obscenidades y bufonadas pero no es capaz de analizar ni una sola de ellas. Es posible que el libro haya sido reconstruido de memoria y que el original fuera más completo y con respectivos exempla. O tal vez empleara como coartada "folklore" o "cultura popular" para no correr riesgos.

Igualmente el libro así como está es más que superficial, porque no analiza el sentido de siquiera una de estas bromas, befas y parodias, siendo que además si la parodia está dirigida ritualmente desde lo alto jerárquico ni siquiera sería una parodia sino una puesta al revés a la que le cabría mucho mejor el nombre de sátira.

Pero ni uno solo de esos pases bufonescos son analizados. Por ejemplo -y como algunos de ustedes ya saben- esta interpretación de la continuidad y reconfiguración de tales bufonadas puede hacerse y sin muchas dificultades hasta con varios de los cortos de los "Three Stooges". Hay una media docena de ellos que son un verdadero filón al respecto. Por ejemplo esos cortos donde la acción se desarrolla en casas con fantasmas o pobladas de monstruos. Ahí tenemos una maravillosa supervivencia -claro que reorganizada más que operativamente por el cine- tan sencilla de entender en su significación como ciertas bufonadas descritas por Rabelais.

Es -imagino- de alguna manera lógica el que se me quiera emparentar con los más diversos autores que parecen interesarse por lo oculto, lo no dicho y lo no sé cuantos escondido. Y con las micro historias varias y demás monsergas. Pero esto demuestra a las claras una cosa muy simple. La pobreza hermenéutica de los trabajos ensayísticos y críticos que circulan entre nosotros desde medio siglo a esta parte. Con las excepciones del caso y que yo mismo me encargado de señalar hasta el hartazgo. Murena -sobre todo el último-; el Marechal de "Cuaderno de navegación"; algunas cosas de Antonio Pagés Laraya y de Héctor Chiochini. No más, que recuerde.

¿El resto? Despojos sociológicos de marxismo vaciado de todo trance existencial, regurgitaciones de las peores cosas de Benjamín (que son muchas), esa mélange imposible cuanto absurda de marxismo con freudismo, estadísticas comentadas o cantos tardíos en elogio de un liberalismo mohoso que pasó de atrincherarse en la enciclopedia a una tabla de logaritmos.
Lo lamento. Verdaderamente lo siento en el alma. Me hubiera gustado -Dios lo sabe- que para cuando comencé a dar a conocer mis primeros artículos, hubiera existido una tradición hermenéutica de alto nivel y no improvisaciones históricas, disparates psicológicos o sentimentalismos vagos disfrazados de conceptos.

De allí la perplejidad que se tuvo con mis primeros y segundos escritos y ahora con mis libros, que por cierto tardé tantos años en dar a la luz porque calculaba el efecto o parte del efecto que habrían de producir.
Por cierto también ya he dado a conocer suficientemente, con citas y notas al pie así como en la analecta titulada "Secreto profesional" -que figura en este sitio-, a los autores con los que me siento emparentado y de los que he tomado una y varias cosas. Pero no pasivamente. Si no que he pensado con ellos pero jamás pasivamente, como digo. No es lo mismo seguir que proseguir...
Si mis lectores, amigos y discípulos quieren, para salir del paso, tener a mano una definición conceptual o una descripción de esta, nuestra tendencia espiritual, escuela, forma de pensar, la llamaría "realismo absoluto" o "realismo metafísico". Si se necesita algo más para apuntalarse en el tembladeral de flatus vocis en que vivimos, puede agregarse que se trata de "Mito, método y recurso". Pero la verdad preferiría parafraseando a Angelus Silesius que vos, lector, te olvides de los nombres y de las palabras y te conviertas en el propio libro.

© Ángel Faretta
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Teoria del cine
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